SU PRIMER DIA EN EL CUERPO

 

   

    Glamour, la capital del Imperio Lunar, la Ciudad Santa de la Diosa Roja, una metrópoli de medio millón de habitantes, la ciudad más grande del mundo... (con el permiso de Sog y de la Ciudad Prohibida Imperial de Kralorela) despierta paulatinamente, con pereza, en una lluviosa mañana de invierno.

 

    Sin embargo, ya no se trata de la Estación Oscura, que por muy suavizada que esté en los últimos años, merced al culto heroico de Kalikos Rompehielos, sigue trayendo nieve en abundancia... Estamos en el Tiempo Sagrado, y la capital imperial se ha convertido durante dos semanas en un inmenso centro de peregrinación religiosa, para honrar a la Diosa (siempre a través de las Madres) en el mismo Cráter Celeste que marcó su partida definitiva hacia la divinidad. Las pensiones están atestadas de peregrinos, viajeros y visitantes, y las calles cubiertas de adornos y guirnaldas que en esta fría y nublada mañana tienen un aspecto triste a causa del aguanieve... Pero el desconsiderado clima no será nunca motivo suficiente como para dispersar a las multitudes que se apiñan en los mercados y que acaban formando aglomeraciones en torno a los predicadores ambulantes, más o menos espontáneos, que claman en cada esquina o plazuela las virtudes de la Vía Lunar, que traerá la paz y la armonía a sus seguidores en el momento que todas las almas mortales acepten el maternal abrazo de la Diosa Roja. Algunos incluso hablan de la Luna Blanca...

 

    De hecho la mayoría de los predicadores callejeros, de cabezas afeitadas y sencillas túnicas de color canela, no son realmente Sacerdotes o Sacerdotisas de las Siete Madres, sino que en la mayor parte de las ocasiones se trata de simples iniciados (en especial de Teelo Norri) que por un peculiar concepto de la devoción religiosa, se ven impelidos a lanzarse a la palestra pública durante el Tiempo Sagrado, para intentar atraer a todas las almas posibles a su Templo. Recordemos que pese a que estamos hablando del Imperio Lunar, la obra mundana de la Diosa Roja, en las tierras de la llanura de Peloria existe libertad religiosa, y tan solo un 45% de la población forma parte realmente de la fe lunar instituida como una secta relativamente reciente (con 375 años de historia) dentro del amplio panorama religioso de dara-happanos, jillaranos y demás culturas que comparten este fértil valle de la Genertela central.

 

    Tal es la vitalidad de la gran urbe de Glamour durante el Tiempo Sagrado que ni siquiera una terriblemente inoportuna huelga de carreteros y transportistas, que ha desabastecido los mercados urbanos durante la gran fiesta sagrada, amenazando con hacer intervenir al emperador (y al ejército) si no se resuelve de forma satisfactoria en breve... ha sido capaz de reducir la avalancha de gentes que atestan las ya de por sí superpobladas calles de la capital imperial. Una constante marea humana que requiere de un gran dispositivo gubernamental para mantener la ley y el orden en Glamour.

 

    Y en esta lluviosa mañana, que amenaza con deslucir las celebraciones de las dos semanas de máxima solemnidad religiosa, de las grandes fiestas sagradas, una de las comisarías de la guardia de la ciudad, los “custodes” o Vigilantes, empieza a llenarse con una centuria de sufridos empleados públicos que empezarán el turno de día, desde las 6:00 de la mañana hasta las 18:00 horas, haciéndose cargo de que la ley y la justicia rijan las calles de la capital imperial.

 

Estamos en el Distrito V, en el Barrio de la Rueda...

 

    Servir y Proteger, ese es su cometido... Y para ello deberán coger energías devorando con fruición toneladas de rosquillas de harina que un oportuno puestecillo callejero, estratégicamente situado ante la Comisaría del Distrito V, en la Calle de la Avena, vende su producto a los agentes del orden a medida que van entrando en el recinto de la guardia urbana. Una comisión a determinados agentes le garantiza la ausencia de competencia por parte de otros vendedores ambulantes, por lo que el taimado hombrecillo trabaja sin prisa pero sin pausa para satisfacer la enorme demanda de sus rosquillas...

 

    En el interior de la comisaría se agolpan los adormilados vigilantes que habrán de relevar a la centuria de guardias destinados al turno de noche en este distrito (¡los Vigilantes nunca duermen, es una de las máximas del cuerpo de guardia!) y remoloneando se van dirigiendo a la sala de conferencias, donde tras un atril el Sargento del turno de día les leerá las atribuciones de la jornada...

 

    Pero antes, cuatro agentes en particular reciben la orden de personarse en el despacho particular del Tribuno Apius Errigan (equivalente al Comisario Jefe).

 

    Solo uno de ellos acude sin reserva de ningún tipo ante la citación de su superior, pues en sus ordenados esquemas mentales no tiene cabida el temor a una reprimenda, o incluso una destitución... Siempre se ha comportado con una impecable corrección, se atiene al pié de la letra a todas las normativas y nunca infringe una regla. Es un buen chico y lo sabe. Lástima que sus compañeros no parezcan capaces de apreciar sus virtudes. Su nombre es Feidur Ramogaron, pertenece a una verdadera estirpe de Vigilantes de Glamour, que se remonta al propio Yamir, el patrón del cuerpo de la guardia, cuyo altar preside todas las comisarías de la ciudad, y aunque nadie parece entender el gesto, pidió voluntariamente el traslado a esta comisaría, desde otra mucho más tranquila, para servir en el mismo distrito en que falleció su padre en acto de servicio hace cerca de doce años. Incluso ha apartado sus estudios en Legislación Imperial, por los que aspira a convertirse algún día en Juez Imperial, para darse a sí mismo la satisfacción de haberse convertido antes en un buen policía.

 

    Pese a no compartir la absoluta tranquilidad de espíritu de su joven compañero (pues siempre hay cierto temor a que la desgracia vuelva a cebarse con uno...) otro de los Vigilantes que acude con cierta satisfacción ante su superior es el viejo Sadrest, un hombre de edad madura (45 años de la época... ¡un anciano!) que con su barba blanca bien recortada, unas generosas entradas que solo respetan un mechón blanquecino en la frente y las sienes plateadas, y un parche sobre el ojo derecho como recuerdo de la invasión de Sartar, durante sus años en la VII Legión Imperial, tiene todo el aspecto de estar a punto de jubilarse, bien que lamentablemente su situación real es mucho menos halagüeña... Apenas hace seis años que entró a formar parte del cuerpo de guardia, gracias a cierta simpatía (algunos emplearían la palabra “lástima”) que despertó su caso en el Tribuno Errigan, a su vez un militar de carrera retirado tras sufrir una herida  incapacitante en las guerras del sur. Con lo que la jubilación queda lejos, y el futuro no puede ser más lúgubre para un anciano que cada día se ve más alejado de la fuerza y el ímpetu que marcaron su juventud. Y tal vez lo que más le duela sea ver su reputación mancillada, pues siempre ha negado con  toda vehemencia su implicación en los cargos que le trajeron la ruina material y moral... Pero de todos es conocido como fue degradado de su condición de Decurión y expulsado del ejército (perdiendo su paga de licencia y su pensión) tras ser acusado de malversación de bienes del ejército imperial, vendiendo provisiones y mantas, destinadas a los soldados, a mercaderes sin escrúpulos...

 

    Mientras tanto, alguno de los convocados ante el Tribuno sí acude con el temor que despierta no tener una conciencia demasiado limpia... Hace apenas una semana que fue destinado a esta comisaría desde la del Distrito VI, en el barrio del Abismo (sin duda el más conflictivo de la ciudad...) en el momento en que una comisión gubernamental especial (el equivalente a Asuntos Internos) inició sus pesquisas en la zona ante la alarmante situación de corrupción generalizada (todo tiene cabida dentro de unos límites, pero hay ocasiones en que rebosa...). A nadie escapa que uno de los motivos para haber destinado a cerca de veinte Vigilantes del Abismo a otros Distritos reside en apartar de la investigación a aquellas personas que podrían tener motivos para entorpecerla... y en este preciso momento Cormius Norri (que lleva el apellido del Orfanato Imperial) empieza a temer que las investigaciones en el Distrito VI hayan encontrado determinados elementos que hablen en su contra. Todo falso, por supuesto...

 

 Conmor Norri cuando estaba destinado en los SWAT   Y por último deberemos referirnos a Conmor Norri. Otro huérfano criado en el gran Orfanato Imperial, dirigido por compasivas Sacerdotisas de Teelo Norri. Pero esta vez hablamos de un caso muy especial: Conmor es un Ogro Sanado. Curado por la gracia de la Diosa de la Mancha del Caos, para ser capaz de integrarse plenamente en la sociedad lunar que le ampara... mientras acuda periódicamente a los templos de la Vida Joven (Teelo Norri) con fin de aplacar sus inhumanos apetitos mediante una ceremonia comunal de rezos y cánticos.

 

    Naturalmente esto redunda en que Conmor se ha convertido en un infalible devoto de la fe lunar, literalmente obligado a acudir a sus oficios, y al tiempo se ha interesado en la práctica de técnicas de meditación oriental para tratar de atemperar su carácter... pero el instinto es muy fuerte en él, y pese a sus esfuerzos, los malos tratos a los detenidos son un hábito difícil de controlar. Mientras otros compañeros se permiten “ablandar” a un sospechoso en los calabozos con casi total impunidad, Conmor es observado con suspicacia simplemente cuando hace uso de la fuerza (¡y que fuerza!) para una detención. Y es que por muy sanado que esté, su condición caótica es un hecho conocido, y esto le ha convertido en un marginado dentro de la propia comisaría...

 

    Cuando finalmente llegan al despacho del Tribuno, con los más variados estados de ánimo, éste les recibe con su habitual aire marcial (viejos hábitos...) desprovisto de toda muestra de emoción, para comunicarles una sorprendente novedad: a su unidad deberá incorporarse esta misma mañana un nuevo sujeto que será aceptado como Vigilante “circunstancial” durante un breve tiempo... Al parecer se trata de un elfo (o elfa, nunca se acaba de estar seguro) que cuenta con un sorprendente apoyo por parte de ciertas personalidades influyentes en los círculos religiosos del Gran Templo de las Madres. Pero se trata de un apoyo condicionado por cierta suspicacia, pues las órdenes que han recibido implican literalmente someter al elfo a una constante vigilancia, pues las autoridades lunares desean a un tiempo permitirle cierta libertad de movimiento, poniéndole en situación propicia para que demuestre sus supuestas habilidades (el informe dice algo acerca de que puede ser un poderoso mago que desea abrazar la Vía Lunar y hasta ahora ha dado muestras de buena fe...) en tanto insisten en que sus compañeros mantengan siempre una discreta vigilancia de su forma de actuar, remitiendo sin falta un informe semanal (cada Día Divino) que irá dirigido a un Examinador de la Diosa Roja llamado Itani Muli.

 

    Tras comunicar las ordenes recibidas, y sin dar muestra alguna de su opinión personal al respecto (si bien probablemente no diferirá de la de sus hombres...) el Tribuno Errigan les despide marcialmente (sin más, para alivio de alguno).

 

    Apenas atraviesan su puerta empiezan a oírse reniegos y suspicacias, pues de todos es conocido que los aldryanis, los dichosos elfos, son percibidos como un enemigo resentido que espera el momento de la venganza contra el Imperio, por las humillantes derrotas militares sufridas en el pasado. Así pues, el recelo ante la incorporación del “nuevo compañero” está garantizado...

 

    No difiere mucho de la reacción que ven entre los demás vigilantes reunidos en los pasillos, o ya sentados en los banquillos de la sala de audiencias, cuando el buenazo del sargento Murikari intenta imponer silencio para leer las órdenes del día y por la puerta ven aparecer a un humanoide escuálido vestido con una túnica similar a la de los sacerdotes y la cabeza afeitada, al estilo de los predicantes callejeros. Desde luego, ha adoptado la estética de los conversos...Indracel la conversa

 

    Tal vez uno de los más renuentes sea el enano Cortahierro, al que todos conocen como “Búho”, que con su fatalismo habitual empieza a clamar que esto es el fin de los tiempos... pero no es nada comparable a la reacción de Crak Hag, el Uzko que rodeado de su grupillo de compinches humanos, todos ellos a las órdenes del teniente Tumbiro (con una sórdida reputación en la comisaría...) simplemente se relame al ver entrar al elfo.

 

    Cuando por fin se impone el necesario silencio, el sargento Murikari asigna las tareas de las diferentes patrullas, indicando el teniente (hay diez por Distrito) que coordinará cada caso. Salen a reducir situaciones diversas, desde el control de los piquetes por la maldita huelga de carreteros al problema añadido de la entrada de una comitiva aristocrática Carmaniana, la de su excelencia el Barón Kosmas Endrino, con séquito de diez caballeros, por la monumental Puerta de las Cuatro Bestias, desde la que recorrerá la Carretera de Etyries hasta su palacio en el Distrito VIII (conocido por todos como La Pequeña Carmania). Muchas ganas de dejarse ver cuando la Puerta de la Ilusión aboca directamente en el distrito carmaniano, sin necesidad de atravesar de punta a punta toda una ciudad atestada de peregrinos y asediada por manifestantes... Algunos otros casos salen a relucir (incluso de lo más pintoresco, como el famoso “Sobaculos”, un ejemplo de acoso sexual por medios sobrenaturales...) y finalmente se realiza la presentación del nuevo miembro no-humano de los Vigilantes, que dice llamarse Indracel (y saluda con una ridícula reverencia oriental) recibiendo la glacial bienvenida que se podía esperar... A continuación se informa de la entrega de una recompensa especial al troll Crak Hag por la “retirada” de un licántropo descontrolado el último día salvaje (una suma de 200 l.) y acto seguido su orden de traslado al Distrito VI del Abismo para suplir la reciente carencia de personal “pesado” en aquella comisaría. Una furibunda mirada de reprobación de sus compañeros recorre la sala, pero órdenes son órdenes...

 

    Y en el conjunto de dichas órdenes está la de que Feidur, Cormius, Sadrest, Conmor y el nuevo recluta elfo se personen en la morgue para hacerse cargo de un caso de homicidio que deberán investigar (nueva ola de protestas: desde cuando un miserable novato es destinado a homicidios en lugar de a tráfico!!!).

 

    Dirigiéndose al depósito de cadáveres para recibir el informe pericial del caso, se cruzan con el hechicero de la comisaría, un tipo escasamente sociable llamado Kaleiros, que ya ha hecho su informe y se retira sin dirigir la palabra a los vulgares guardias. Otro tanto sucede con la sanadora del dispensario, una atractiva joven de buena familia que cumple con sus deberes religiosos públicos en la comisaría esperando el momento de quitarse de encima tales obligaciones. Sin embargo Manilva Empatojayos, que acaba de completar su autopsia, tal vez sí considera dignos de una sugerente mirada a los rudos y sucios hombretones destinados a mantener alejados de ella a los criminales de las calles...

 

    En  la sala de la morgue les espera el Teniente que les supervisará en este caso (nada menos que el inefable Tumbiro...) y Gorostia, la Sacerdotisa de Jakaleel, de cráneo afeitado y túnica canela. Una mujer madura no exenta de atractivo pero con una permanente expresión de amargura en su rostro, acompañada como siempre de su aprendiz Rularia, una muchachita de apenas quince años que se afana en tomar nota de todo lo que se le indica con respecto al caso...

 

"Un veterano de las calles glamuritas reconoce un efecto de arma mágica cuando lo ve"

 

Y el caso no está exento de interés...

 

    En principio se trata de un cadáver no identificado hallado durante la noche en la vía pública, con señales evidentes de violencia. Desde luego no parece ser nadie importante a juzgar por sus vestimentas, y lo más normal es que hubiese sido arrojado a la fosa común del cementerio de Glamour, adyacente a la muralla de circunvalación, más allá de la Puerta de Hueso. Por supuesto se iniciaría una investigación preguntando por la zona si alguien conocía al fallecido, pero si nadie presenta una denuncia de desaparición, se archiva el caso con un bonito número de expediente de homicidio no resuelto. Pero...

 

    Pero esta vez un veterano vigilante más atento de lo normal acertó a echar una ojeada rigurosa al cadáver, y descubrió con sorpresa que la principal herida (seguramente una cuchillada) que presentaba el cadáver en el pecho atravesaba la costilla en lugar de haber resbalado por encima o por debajo. Un veterano de las calles glamuritas reconoce un efecto de arma mágica cuando lo ve, y uno particularmente poderoso además... así que lo anotó en su informe y remitió el cuerpo a la comisaría de distrito para que se le realizase una autopsia.

 

    El informe se inicia consignando que se trata de un varón humano warerano de mediana edad, constitución estándar, bien alimentado, sin marcas remarcables, cerca de metro ochenta de estatura, unos ochenta Kg. de peso (TAM 14) y vestido con ropas comunes, no especialmente harapientas, que en el momento del hallazgo del cadáver reposaba boca abajo en medio de la vía pública entre la calle de la avena (a trescientos metros escasos de la comisaría) y la travesera de la cebada, ante una taberna cerrada a esas horas y un taller de alfarería igualmente cerrado al público.

 

    Cuando iniciaron dicha autopsia se confirmó el uso de un arma mágica, constando en el informe una única herida en hemitórax izquierdo, a la altura de la sexta costilla, que atravesando ésta con un corte limpio que secciona el hueso, sigue una trayectoria ascendente que finalmente interesa el corazón y los grandes vasos, provocando una herida mortal de necesidad. El cuerpo presenta además algunas contusiones difusas en cara y pecho, provocadas por un objeto romo, aunque menciona que seguramente sean lesiones post-mortem, pues no presenta señales en los brazos que instintivamente se interponen al golpe...

 

    El informe de Kaleiros, el hechicero, que fue despertado para acudir a la comisaría a hacer uso de sus artes (eso es lo malo de las guardias localizadas...) no indica la presencia de conjuros activos de ningún tipo, algo que ya podría haber determinado Gorostia por sí misma (por algo es una chamán) pero que parece que no ha evitado que igualmente le diesen aviso... Ante un cadáver sin restos de magia activa poco más podían determinar sus sofisticados conjuros. Un somero y malhumorado informe sobre la mesa certifica la falta de datos.

 

    En este punto la chamán Máscara Roja decidió seguir el procedimiento especial de delitos remarcables (que no suele emplearse con cuerpos sin identificar) invocando el espíritu del muerto, su alma, para averiguar algo más del crimen. Y aquí saltó la alarma: descubrió que era incapaz de invocarlo, porque se habían cortado mágicamente los lazos entre el cuerpo y el espíritu. Aquí se han utilizado medios mágicos para imposibilitar una eventual resurrección.

 

    Esto convierte instantáneamente un vulgar caso de homicidio común en un atentado con “Muerte Definitiva”. Ateniéndose al artículo 486 de la legislación imperial, debe asignarse un equipo de investigación completo para resolver el crimen y hallar al culpable. No vamos a permitir que ese tipo siga suelto...

 

    Los conocimientos legales de Feidur, que debido a sus aspiraciones personales ha invertido un esfuerzo muy superior al de la media de sus compañeros a profundizar en la Legislación Imperial (habilidad de conocimiento, con BS% 00) le permite reconocer una de las normativas dictadas por los aristócratas imperiales para salvaguardar su propia condición de privilegiados. Además, en esta ocasión también el inquietante Cormius Norri parece saber algo del tema. Quién sabe si alguna vez habrá tenido contacto con este tipo de situaciones...

 

    El caso es que hay que saber que obviamente cualquier noble de cierto abolengo gusta de considerar “asegurada” una inmediata resurrección en caso de fallecer por un accidente o, la Diosa no lo quiera, un horrible atentado a su persona. Pues sus notorias influencias y su contrastada solvencia económica le aseguran la atención de las asombrosas capacidades mágicas de los Sacerdotes y Sacerdotisas del culto pertinente. Luego todo medio mágico que vaya a impedir este merecidísimo acceso a la resurrección es un peligro en potencia de una entidad inaudita para toda la aristocracia imperial: ¡Debe ser erradicado!

 

Así las cosas, se inicia la investigación... y ya veremos el éxito de los vigilantes.

 

    Examinando el cuerpo, descubren que no presenta más heridas, ni tan siquiera cicatrices antiguas, no hay tatuajes o marcas de ningún tipo, la barba y el pelo están considerablemente parejos y bien cuidados, la dentadura está muy bien conservada para la media de la población de su edad, las manos no tienen callos ni uñas rotas o lesiones de ningún tipo, por lo que no ofrecen el aspecto de realizar un trabajo manual excesivo (incluso advierten alguna mancha de tinta). Asimismo no parece haber marca de anillos que le hubieran sido sustraídos... Por último la musculatura no parece demasiado desarrollada, aunque sin duda era un hombre saludable y bien alimentado.

 

    Entre las posesiones del difunto solo es remarcable la presencia de una llave que por supuesto no hay forma de concretar a qué cerradura corresponde. Estaba en un bolsillo de sus ropas, bastante accesible, y nadie la había retirado. Las ropas por su parte son de lo más vulgar, la camisera de lino tiene una marca perfectamente superponible a la herida del pecho, las calzas están algo remendadas, las sujetaba con una simple cuerda de esparto, no parece haber rastro de una bolsa con algunas monedas (¿respaldando el robo como móvil...?) y sin embargo... Conmor, que apenas se ha acercado a examinar el cadáver (aunque eso no le haya evitado alguna puya del mordaz Teniente Tumbiro...) comenta acertadamente que el calzado es de muy buena calidad. Muy buena...

 

    Examinando de nuevo los pies del cadáver, descubren que como el resto del cuerpo están sorprendentemente bien cuidados, libres de cayos y sabañones (como los que lucen los propios vigilantes, vulgares “pies planos” de patrulla...) en tanto que las botas, aunque de suelas gastadas, como si se hubiesen usado para caminar mucho, son de un cuero excelente y parecen envidiablemente cómodas al pie, adaptándose a la perfección a la horma de su propietario... Luego no cuadran con la aparente pobreza del resto de las vestimentas.

 

Parece que los investigadores lo están haciendo bastante bien de momento.

 

    En este punto, la elfa (sí, no es un elfo aunque sus compañeros no lo distinguen) abre la boca para ofrecerse a hacer uso de su magia hechicera. Se le avisa que el hechicero del cuartel ya ha examinado el cuerpo y ha hecho su informe, pero la elfa lunar insiste, así que la dejan a su aire mientras siguen discutiendo el caso y las conclusiones a las que han llegado. Cuando finalmente logra lanzar su conjuro, una aldryani con una desconcertante sonrisa de suficiencia informa de que pese a la ausencia de conjuros activos, una intensidad lo bastante alta puede revelar vestigios del uso de magia reciente, y hace poco ha expirado un hechizo de Resistencia al Daño de considerable Intensidad y cierta Duración, lanzado por el propio difunto, que obviamente conocía las artes hechiceras.

 

    A continuación la sorprendente aldryani (con escasa habilidad para la simpatía) se ofrece para usar otro recurso mágico, realizando sobre un platillo de madera que extrae de su mochila una ilusión visual tridimensional (sin duda muy fiel) del rostro de la víctima. Ahora podrán interrogar a cualquiera con una copia portátil del original, rompiendo todos los esquemas habituales de investigación. Dejando atrás a la aprendiza Rularia que discute con Gorostia la conveniencia de modificar el informe firmado por el hechicero Kaleiros, abandonan la sala...

 

Feidur rellena un impreso en el que consigna que han retirado la llave hallada en el cadáver, consignada como Prueba 1.

 

    Discuten sobre la forma de orientar la investigación, el posible origen del sujeto, tal vez un carmaniano, o puede que alguien vinculado a la prestigiosa Universidad Imperial de Hechicería de Glamour... cuando el Teniente Tumbiro les hace poner los pies en el suelo y les recomienda con pocas contemplaciones que se dejen de tonterías y chorraditas mágicas y se atengan al procedimiento: deberían empezar por examinar la escena del crimen ¿no? ¡Y cagando leches!

 

    Así las cosas, los azorados vigilantes se dirigen a la confluencia de avena y cebada, en pleno corazón del Barrio de la Rueda, para encontrarse a un novato de los vigilantes aterido de frío, empapado por la molesta lluvia de aguanieve, que da saltitos para entrar en calor al lado de unas varillas de madera enclavadas entre los adoquines del empedrado y unidas por cordeles, para determinar el cuadro en el que se halló el cadáver. Cuando llegan aun está soportando los gritos de un carretero (¡esquirol!) que intenta hacer pasar su carro pesado sobre la escena del crimen para llegar al mercado. Por fortuna para el pobre muchacho la llegada de otros cinco vigilantes, con un aspecto bastante más expeditivo (Conmor, Cormius y Sadrest aplacan a cualquiera...) tiene el efecto de alejar al carretero y permitirle retirarse a cubierto de la lluvia.

 

    La inspección del lugar en el que encontraron el cadáver no parece aportar demasiados datos adicionales, en especial tras unas dos o tres horas de lluvia ininterrumpida, pero buscando con atención pueden discernir restos de sangre y un lodo negro que parece contener fragmentos de pizarra...

 

    Parece que la astucia de Cormius funciona a pleno rendimiento cuando eleva la vista para confirmar que los techos de alrededor tienen tejas de ese material, y rápidamente se dirigen a la fachada más próxima (la del gran taller de alfareros) para interrogar a los artesanos (sin resultados objetivos) y solicitar con una indudable convicción que les permitan acceder al tejado. Cuando suben los dos vigilantes más jóvenes y ligeros (el propio Cormius y Feidur) aprecian que en efecto parecen faltar algunas tejas que se han desprendido hace muy poco (todavía es posible distinguir el cambio de color sobre tejas que antes cubrían) al tiempo que Feidur anota para un posterior informe que este tejado infringe el reglamento municipal sobre medidas de seguridad de las fachadas urbanas.

 

    Otros dos edificios adyacentes colindan con esta finca, y ciertamente no sería demasiado complicado saltar de un tejado a otro. Puesto que toda la casa pertenece a los artesanos que ya han interrogado, el piso inferior como taller y el superior como vivienda, deciden investigar los otros edificios de la manzana.

 

    Tras descender, observan que el primero, adyacente a los alfareros, es un taller de tintes en el que se trabaja con tejidos ya confeccionados, mientras el segundo es una pensión de aspecto bastante pobre... Su próxima parada.

 

    Apenas entran en la humilde pensión, interrogan de una forma bastante expeditiva al hombrecillo macilento que acude ante ellos, preocupado por la presencia de la guardia de la ciudad en su establecimiento. Tan pronto como le muestran el platillo de madera con un rostro humano (¡y tras un buen susto!) reconoce que tal vez reconozca a alguien que se parece a esos rasgos como uno de sus clientes, que se aloja en el piso superior desde hace, creo, cuatro días... Tan pronto como le comunican que ha muerto, exclama indignado que ese cerdo le debía un día del alquiler, y que ¡a ver quién va a compensarle ahora!.

 

    Acompañando a los vigilantes junto a una mujer que hace la limpieza del local, suben las escaleras para desembocar en un oscuro pasillo con seis puertas, y el casero saca un grueso manojo de llaves en un aro entre las que empieza a rebuscar con gesto de fastidio... Antes de darle tiempo a encontrar la que busca, Sadrest extrae de su propio bolsillo la llave de la víctima, y confirma que abre la puerta de la habitación. Ante ellos se presenta una sala pequeña pero no excesivamente sucia, con un camastro, una mesa con algunos papeles de fibra vegetal y un bote de tinta sobre ella, una silla tirada en el centro de la habitación, una palangana y una jarra de agua en una esquina... y una mochila de cuero junto a una pared, mientras la ventana abierta, que bate ligeramente con el viento, deja entrar la lluvia que ya ha encharcado parte del suelo.

 

    Haciendo caso omiso del viejo casero que reniega diciendo que por una ventana ya se han fugado antes algunos de sus huéspedes para no pagar la noche, los vigilantes empiezan a rastrear la estancia en busca de pistas...

 

    Por de pronto la ventana se abre al exterior, a una calle opuesta a la de la cebada en la que encontraron el cadáver (de hecho se trata del callejón del centeno) donde unos puestos ambulantes ya han instalado sus toldos, pero que de noche debe quedar mucho más despejada. No parece que haya un acceso muy fácil al tejado, si bien objetivamente alguien hábil podría trepar o descolgarse bien... Examinado detenidamente el marco de la ventana, descubren unas raspaduras recientes de un color más claro, como las que produce una vulgar palanqueta. Luego puede haber sido forzada.

 

    Sobre la mesa hay un candil gastado, dos papeles de buena calidad en blanco, un bote de tinta seca volcado y una pluma de gallina afilada para escribir. Feidur pide al casero que le proporcione otra fuente de luz y examina cuidadosamente la superficie de las hojas, donde cree descubrir algunas raspaduras, como las que quedarían si se escribiese sobre otra hoja superpuesta. Guarda ambas cuidadosamente dobladas en su abrigo, para ser consignadas en su meticuloso informe como la Prueba 2.

 

    En la sala no hay más signos de violencia que una silla volcada y la ventana presuntamente forzada, así que proceden a examinar la mochila de cuero...

 

    Y el contenido de ésta se revela decepcionante. Apenas un cuchillo pequeño, una muda de ropas raídas similares a las que vestía el sujeto cuando murió, bien dobladas, por lo que se debería descartar un saqueo de los bienes...

 

No hay bolsa alguna de monedas, eso sí... así que tal vez ha existido un robo.

 

    Cuando ya están planteándose el siguiente paso de la investigación, y empiezan a empaquetar los presuntos bienes del fallecido para depositarlos en comisaría (con la mochila y todo su contenido consignados como Prueba 3) nuestra sorprendente aldryani sugiere hacer uso de nuevo de su poderosa magia hechicera, lanzada a una intensidad inusitada (tiene un máximo de 24).

 

    Y cuando acaba su conjuro... afirma que hay algo vagamente mágico en el interior de la mochila de cuero. Tras constatar que no se trata de las ropas o demás bagatelas del interior, afirma que ese algo debe estar en cuero de la tapeta, pero no cree que sea el cuero en sí... Cormius resuelve la situación antes de que los demás tengan tiempo a proponer nada: saca una navaja (antirreglamentaria por cierto) que lleva en uno de los bolsillos de su gabán y raja con una inquietante familiaridad la doble capa de cuero de la mochila.

 

    Efectivamente se descubre un sutil compartimiento secreto que se abriría sólo descosiendo el borde del cuero (o bueno, rajándolo hasta dejarlo inservible...) que oculta... diez cartas de cuero pertenecientes a una extraña baraja de naipes.

 

    Cuando se lanzan ávidamente a examinarlas, la tranquila elfa afirma que eso es lo que había visto, pero que no es mágico de por sí, sino posiblemente solo algún tipo de ingrediente “útil para hacer magia”. Desconoce de qué tipo pueda ser, y de hecho a duras penas atina a reconocer que los naipes son usados por algunos humanos para intentar técnicas de adivinación de la buenaventura...

 

    Sus mundanos compañeros le corrigen con sonrisa torcida al recordarle que los naipes también son extensamente usados para el juego de azar... y de hecho a juicio de Conmor, Cormius y Sadrest (versados en estos “entretenimientos”) esto es parte de una baraja para el juego, aunque desconocen exactamente cual.

 

    Tras pasar un buen rato discutiendo y examinando las escasas diez cartas (definitivamente parte de una baraja bastante mayor...) tanto la elfa Indracel como Feidur parecen coincidir en que los símbolos de las cartas parecen rememorar algunas Runas de los Elementos, que solo gentes versadas en la escritura y en la magia pueden reconocer con facilidad. Sus compañeros por el contrario insisten en que se trata de naipes de jugador, pues están gastadas por el roce continuo de los dedos, mientras una vulgar echadora de cartas no tiene un material con este aspecto. Si es que se nota solo con sujetarlas...

 

(Notas sobre el Capitulo Primero)

 

    Una Comisaría de Distrito es un gran edificio de tres pisos con aspecto macizo, que siempre está situado en una posición lo más céntrica posible con respecto al distrito judicial que controla. La dotación típica destinada a una comisaría es de un Manípulo de Vigilantes, doscientos guardias, divididos en un turno de día y otro de noche (una centuria por turno) que se intercambian cada dos semanas. Un Tribuno está al cargo de cada comisaría, generalmente gentes procedentes de la vida castrense, habituados a imponer disciplina. A sus órdenes cuenta con una decena de Tenientes (el equivalente real a Detectives de la Policía Criminal) que cumplirán la función de coordinar todas las investigaciones asignadas, desempeñando por sí mismos buena parte del trabajo de campo, y son ellos los encargados de destinar efectivos a cada caso concreto, supervisando su desarrollo y la corrección de todo el procedimiento. Por otra parte, dos sargentos asignados al turno de día o al de noche serán en todo momento el referente para sus hombres en la comisaría, ya que son el mando directo que siempre está presente en ésta para certificar las detenciones, enviar refuerzos o supervisar el papeleo al registrar pruebas o retirar materiales del almacén. Aparte del personal estrictamente policial, cada comisaría cuenta la presencia de personal administrativo, como los escribanos que hacen registro del papeleo (recordemos que muy pocos Vigilantes saben escribir, y se limitan a dictarles...) y que gestionan los archivos, o los iniciados de Deezola que en cuatro turnos diarios se encargan del dispensario que atenderá las lesiones de agentes o eventualmente de los detenidos (que suelen sufrir “accidentes” en las celdas). Por si fuera poco, la pródiga administración Imperial destina a cada comisaría un verdadero Sacerdote o Sacerdotisa de Jakaleel (¡un chamán Máscara Roja!) generalmente con algún joven aprendiz, y un Hechicero de la Escuela Imperial (universidad de hechicería de la capital glamurita de reciente creación).

 

    Esta es una vida dura, y las largas jornadas de doce horas que debe afrontar un vigilante son agotadoras y no están exentas de cierto peligro físico en el desempeño de sus funciones, en tanto el sueldo es como mínimo “ajustado”. Hablando en plata, están muy mal pagados (3 l. al día, apenas 21 l. a la semana) lo que motiva que un amplio porcentaje de los agentes acepten eventuales sobornos para redondear su nómina... Otra alternativa es realizar refuerzos en las guardias o actuar como agentes antidisturbios cuando hay desordenes ciudadanos (y eso en Glamour no es infrecuente) pero obviamente ampliar un horario de doce horas con aun más horas extras, por mucho que aumente el sueldo de la jornada a 4 l. (y por tanto permita alcanzar a unos 28 l. semanales) no es recomendable si se aspira a tener una vida propia más allá del trabajo... ¿Cómo espera el gobierno Imperial tener un cuerpo de guardia honesto en el cumplimento de sus deberes con estos sueldos? Pues posiblemente hace ya mucho que se dio por perdida tal eventualidad, y se ajustan los sueldos para que no comporten un coste excesivo a las arcas del estado, confiando en que el nivel generalizado de corrupción, que redondea estos ingresos, no exceda de determinados niveles “tolerables”. Es el “piensa mal y acertarás”.

 

    El edificio físico de la comisaría sigue siempre una distribución interna estandarizada, que incluye un cuartel con camastros para las guarias de comisaría (para los cerca de 20 Vigilantes que sirven como retén y refuerzo), dispensario atendido por una Iniciada de la Reina Deezola, una sala de archivos policiales organizados siempre por un Iniciado de Irripi Ontor o de Buserian, un mostrador público en el que tramitar las denuncias, el almacén de suministros y un depósito de pruebas del que solo tiene llave el sargento de turno, la morgue o depósito de cadáveres... además de una sala de audiencias en la que se asignan los casos y las ordenanzas del día, calabozos con capacidad para unas cincuenta personas (pero que pueden perfectamente albergar cientos) y un pequeño altar sagrado de Yamir Rompepuertas, el santo patrón de la Guardia Urbana de Glamour. Por último encontramos la solemne sala del Tribunal de Primera Instancia, destinado a los llamados “Juicios Rápidos”.

 

Pues en las Comisarías de Distrito de la ciudad se dirime la “primera vista” de todos los casos criminales de la capital Imperial.

 

    A estas salas acude una vez por semana uno (o habitualmente varios) de los prestigiosos Jueces Imperiales para valorar la existencia o no de lo que se considera una “sospecha razonable” de delito penal, en cada uno de los casos que se le presentan de los sospechosos detenidos en las celdas de la comisaría. Así se garantiza que los calabozos no alberguen a un detenido por más tiempo de una semana, si fuese detenido al día siguiente de una visita del Juez.

 

    El sistema jurídico Imperial es garantista, como el romano, pero está sujeto a una interpretación muy “sui generis” en función de la posesión o no de la ciudadanía lunar. Cualquier ciudadano disfrutará del privilegio de la imposición de una fianza (un deposito económico a veces muy significativo) que le ahorrará la prisión preventiva. En cualquier otro caso, a partir del momento en que un Juez Imperial determina la “sospecha razonable” el ahora denominado “reo preventivo” (antes era simplemente un “detenido” policial) será conducido a una penitenciaría (en Glamour la tristemente célebre Xalónica) donde quedará retenido indefinidamente a espera de juicio. Esta segunda vista será realizada en la Sala de Juicios de la propia prisión, pero puede demorarse semanas, meses o años... Se considera obligada la presencia de un “defensor” con conocimientos legales (no cuantificados) que hable a favor del acusado, mientras el Juez Imperial cumple funciones simultáneas de juez y fiscalía. Nunca ha existido un equivalente al jurado en el sistema judicial Imperial. Además, habitualmente los “defensores” suelen ser aspirantes a la judicatura (reconocida por un nombramiento público del gobierno Imperial) que esperan hacer méritos demostrando su conocimiento de las leyes... pero sin disgustar en exceso a ninguno de los Jueces Imperiales en ejercicio a los que se enfrentan. Ante cualquier fallo judicial, el preso preventivo pasará a ser un “reo convicto” de ser declarado culpable, ahora con una (siempre severa) pena concreta, de la que se restarán los años que hubiera podido cumplir como preventivo... o por supuesto puede ser liberado de demostrarse su inocencia. Aunque no es usual.

 

    Existen dentro del sistema de justicia “común” dos organismos de impugnación para los casos en que una condena en firme no sea aceptada por el recluso.

 

    Primero podemos remitirnos al Tribunal de Segunda Instancia de Glamour, institución situada en el Distrito Gubernamental, aunque lamentablemente la saturación de casos impugnados hace dudosamente viable su cometido... siempre y cuando no disfrutemos de los servicios de un influyente abogado con buenos “contactos” que agilicen nuestro caso. Como su nombre indica, este tribunal se encargaría de una revisión de la sentencia y un segundo juicio.

 

    De forma adicional, siempre podemos dirigirnos a la Corte de la Clemencia, institución religiosa situada en el Distrito IV, en la Vía Elevada del Emperador, donde los Ciudadanos Lunares (y únicamente éstos) pueden impugnar sus derechos cívicos ante una suerte de Tribunal Religioso que valorará la concesión de un indulto si resultase pertinente. Nótese que en este caso no se realiza una revisión del proceso, sino que se concede el “indulto” ante la asunción de culpabilidad que sin embargo genera una situación que se considera de “alarma social” o “impiedad”. Simplemente se indulta y punto. Entre los Jueces Supremos de la Clemencia se encuentran algunos altos representantes religiosos lunares, siete senadores y el propio Emperador Rojo, aunque éste generalmente es representado por uno de sus sacerdotes.

 

    Por supuesto los miembros de la aristocracia no están sujetos al delito “común”. Para ellos existe un tribunal especial mediado por el Senado Imperial que se denomina la Corte de los Árbitros de la Disputa. En un edificio anexo a la sede del Senado se producirá un juicio privado en el que sólo los senadores tienen prerrogativa para condenar a un noble.

 

    Por otra parte, debemos mencionar un capítulo específico para los delitos cometidos en el Distrito Cero, la Corte Imperial, que como queda fuera de la jurisdicción de los Vigilantes (allí la ley y el orden la imponen los Pretorianos) pocas veces acaba remitiendo a un eventual criminal a las comisarías de distrito. Digamos que cualquier delito cometido ante los pretorianos asume un cariz de crimen político, una amenaza para el estado, y como tal es encausado...

 

                                                                                                                                            Por el Vadelino

 

Volver al indiceIr al capitulo II


 

 

GLORANTHA

VORMAIN

LINKS

NOVEDADES

ROMEQUEST