EL VALLE DE LAS TRES DONCELLAS.

 

    Con el corazón ligero los miembros de la comitiva descienden por el sendero que lleva hacia la ciudad de x, capital del distrito, el cual es conocido como "el valle de las tres doncellas". El camino baja serpenteando entre bosques tupidos, pero de cuando en cuando aparece una zona despejada donde se encuentra una granja con sus edificios de madera y sus arrozales aterrazados. Los aventureros se dan cuenta de que tales granjas tienen aspecto de abandono, y finalmente, Tzi-Li y Akira deciden ir a investigar una de ellas. Encuentran los arrozales invadidos por las malas hierbas, aperos de labranza tirados por todas partes y todos los enseres de la casa por el suelo. Un tejon les da un buen susto cuando lo confunden con algún merodeador. Finalmente se unen a los demás en el camino principal y reanudan la marcha.

    Al atardecer llegan al pueblo de Tien-leng, de poco más de 2.000 habitantes. Allí les recibe el magistrado local, Pan...el magistrado local, Pan Chao Chao y su asistente, Go-Fen. Pronto queda claro que es este ultima el que realmente se encarga de todo, ya que el magistrado parece estar medio senil, ya que parece incapaz de darse cuenta de la seriedad de la situación. Sin embargo el silencioso y eficiente Go-Fen ya ha tomado las medidas apropiadas para acomodar a los visitantes en la casa del magistrado. Aunque es la mas grande del pueblo, no esta preparada para albergar con facilidad a tantos visitantes, y los criados tendrán que dormir junto a los sirvientes de la casa. Los aventureros, la princesa y Ami-shan son acomodados en un conjunto de cuatro habitaciones, con su propia salida a los jardines que rodean la casa a través de una galería.

    Los viajeros se bañan y disfrutan de una buena cena. Go-Fen envía mensajeros a los damali para comunicarles la llegada de la princesa Shu-Am-Din y que manden un grupo a recogerla para que participe en el ritual por el que pasa todas las doncellas damali al alcanzar la mayoría de edad (los doce años en su tribu), tal y como se acordó hace años al entregar a su madre como concubina al Emperador.

    Akira no se confía y dispone que haya dos guardias a la vez durante toda la noche, uno en el vestíbulo de sus habitaciones y otro oculto en el jardín.

    El siguiente día los aventureros se lo toman de descanso. Cada uno a su manera. Fa-Mu-Lan pasa casi todo su tiempo con Ami-Shan y la princesa, discutiendo sobre si los hombres del grupo son o no homosexuales (habida cuenta de la falta de interés que muestran por las mujeres, según Ami-Shan). Mientras Akira y Ota Saru vigilan al trío femenino desde cierta distancia, por si acaso. Tzi-li da los últimos toques a la poesía que esta componiendo en honor de Ami-Shan y que le entrega con un ramo de flores. Agnus se dedica todo el día a dormir y comer, y Tao-ki se da un paseo por la ciudad. Por primera vez en varias semanas los aventureros pasan un día tranquilo.

    Pero su tranquilidad acaba de forma trágica y violenta durante esa noche. Aproximadamente a medianoche, Agnus oye un ruido tras la puerta del vestíbulo, donde el esta vigilando. Casi simultáneamente, Akira , que esta escondido tras un árbol en el jardín, oye un ruido junto al muro del mismo y se acerca a investigar.

    La puerta del vestíbulo se abre y aparece una mujer de unos cincuenta años que empieza a urgir a Agnus para que el y los demás huyan. Pero antes de que termine su frase, un dardo atraviesa el cuello de la mujer y Agnus ve a varios individuos de tamaño enorme, armados con naginatas que se acercan por el oscuro pasillo a toda velocidad, y tras ellos, una sombra, mas sentida que vista. Sobreponiéndose, Agnus cierra y atranca la puerta y empieza a dar la alarma.

    Utilizando sus habilidades furtivas, Akira se acerca al muro y permanece a la expectativa. Casi de inmediato por la puerta circular del jardín empiezan a cruzar individuos de una altura de dos metros o superior armados con naginatas y que empiezan a desplegarse formando un perímetro. Al principio decide esperar a que pasen todos pensando que serán un numero relativamente pequeño, pero cuando ya han pasado doce y siguen apareciendo mas, decide recular y mantenerse a la expectativa. Desgraciadamente le oyen y dos de los gyas (hsunchen yaks) atacan a Akira, el cual es pronto herido en el brazo y salva la vida haciéndose el muerto.

    Las cosas siguen empeorando en la casa. A los personajes les cuesta despertarse, salvo a Tao Ki y Mu-lan,Tao-ki utilizando la bola de fuego que empiezan a prepararse. Mu-lan despierta a Ami-shan y entre las dos sacan a la princesa al jardín con rapidez y eficiencia. La puerta solo aguanta unos momentos y los gya la derriban y Agnus no consigue tenerlos solo a raya. Justo en ese momento interviene Tao-ki, que utilizando un encanto lanza una bola de fuego a los Gya, matando a uno e hiriendo a otro. Pero justo detrás de ellos aparece un individuo embozado de negro, con sombrero del mismo color y dos brazaletes de metal, que por el color solo puede ser hierro, con brillantes gemas engastadas.

    El embozado se queda quieto un momento en el umbral. De el emana una sensación de oscuridad y maldad casi palpable. Tao-ki y el oscuro se miran el uno al otro. Taoki le dice a Agnus: "Esto es cosa mía, largate". Agnus le obedece sin titubear y desaparece por la puerta de una de las habitaciones, justo en el momento en que Tzi-Li se esta incorporando y trata de ponerse en situación. "Huye", es la única respuesta que le da Agnus a sus preguntas, mientras desaparece por la puerta del jardín.

    En el jardín, el "difunto" Akira trata de cerrar sus heridas y moverse, pero los gya le vuelven a descubrir y antes de que lo rematen, Akira se ve obligado a utilizar su magia y desvanecerse en medio de una nube de humo.

    Los demás vorumai se han despertado mientras tanto y escapan por el jardín. Imai va adelantado y ayuda a Mu-Lan a abrir una brecha entre sus enemigos mientras Ami-Shan protege a la princesa. Sin embargo los enemigos son demasiados y parecen a punto de acabar con ellos cuando ocurre algo repentinamente. El monito de la princesa, la "inofensiva" mascota, lanza un conjuro contra uno de los enormes guerreros gya , derribándolo. Pero no hay tiempo de sorprenderse, el grupo aprovecha la brecha y se reúne con Akira a la altura de la puerta.

El guerrero embozado    Mientras tanto Ota Saru y Tzi-Li, que se han rezagado, salen al patio justo a tiempo de ver como Tao-Ki atraviesa la pared del dormitorio principal y cae en el estanque. El guerrero embozado le sigue de inmediato a través del boquete. Los dos compañeros deciden huir sin esperar un instante mas, pero el siniestro guerrero repara en Tzi-li y le lanza un dardo mientras grita "Tu, quieto ahí". El dardo atraviesa el brazo derecho de Tzi-Li y se queda hincado allí. Solo la maestría de Tzi-li en las artes de la curación le permite inmovilizar la extremidad de tal forma que puede continuar su huida. A su espalda oye como el perverso individuo dice: "Ahora, inclínate ante el poder de Sekever" y un aullido espeluznante empieza a llenar sus oídos.

    Ota Saru consigue alcanzar a los demás, los cuales están contemplando como el misterioso embozado coloca su mano derecha sobre la frente de Tao-ki, y un flujo de energía empieza a ir desde el valiente místico hacia el brujo. Este debe estar utilizando la magia negra para arrancar su alma al pobre desgraciado. Pero Tao-ki consigue finalmente frustrar sus siniestras intenciones, y se lo juega el todo por el todo invocando el ritual del Utumma. Un relámpago de luz y el compañero de aventuras desaparece, vislumbrándose tan solo una espectral forma luminosa que parece recordar a un dragón y asciende a las alturas.

    Aunque el sacrificio de Tao-ki no ha sido totalmente en vano, el grupo aun no ha conseguido huir. Akira se pone a la cabeza y mientras un turbado Tzi-li se les une. Akira guía al grupo fuera del patio, mientras Imai y Ota se quedan atrás para cubrirles. Pero los gyas son temibles guerreros, armados con mortíferas naginatas. Pronto superan en numero a los dos vorumai y Ota Saru cae al suelo. Entonces, viendo su fin próximo e inevitable, ordena a su viejo compañero que le abandone, y desde el suelo consigue contener el solo a los gya, que acaban en breve con el. Sus gritos de agonía son lo ultimo de él que oyen sus compañeros.

    Apartando de su mente cualquier pensamiento que no sea la supervivencia, Kasumi Akira se interna en la espesura de las colinas al frente del grupo. Tras ellos se escuchan los gritos de sus perseguidores y la atronadora voz del siniestro adorador de Sekever: "Quiero el corazón de la princesa en una bandeja". Akira busca senderos que despisten a sus perseguidores, pero sabe lo suficiente de estos asuntos como para darse cuenta de que las posibilidades no están a su favor. De noche, en un territorio desconocido los cazadores tienen todo de su lado. Y entonces, ante el aparece una mujer de extraños ropajes que le dice en un kralorelano entrecortado. "Deprisa, por el camino de la derecha, en diez minutos llegareis a un tronco hueco, ocultaros endebe ser una chaman damali, el pueblo de los ciervos el". Demasiado aturdido Akira obedece y guía al grupo hasta el escondrijo, un enorme árbol muerto, en cuyo enorme tronco se acurrucan los seis supervivientes. Nadie sabe cual ha sido el destino de los criados y del guía, pero todos los dan por muertos.

    En las horas que pasan ocultas en el hueco del árbol hablan de lo que ha ocurrido, de lo que pueden hacer, y de la mujer con la que se ha encontrado Akira. Esta ultima debe ser una chaman damali, tal y como el samurai la ha descrito. El grupo de asesinos parecía integrado por gya, dado su tamaño y que hablaban alguna lengua que ninguno de los aventureros ha entendido cuando hablaban entre ellos. El que les comandaba debía ser alguno de los temibles adoradores de Sekever, la secta de los Tong, dirigida por los terribles huan-to.

    Mientras hablan de esto Tzi-li permanece un buen rato sin decir una palabra, con la cabeza hundida entre los hombros, hablando solo con monosílabos cuando se le pregunta algo, y mirando continuamente el dardo que tenia hincado en el brazo y que ya ha conseguido extraerse. Pero sea lo que sea lo que ocupa su mente, no lo comparte con nadie.

    De nuevo vuelve a aparecer la mujer, y esta vez se fijan en que esta rodeada por un halo azulado, y que su figura es intangible. Les da instrucciones para que lleguen al lugar "donde se ha refugiado su pueblo", que esta a un día de marcha aproximadamente entre las colinas. Sin perder un instante la comitiva se pone en marcha de nuevo, tratando de alejarse de Tien-leng lo mas posible.

    El alba los sorprende mientras ascienden por un empinado sendero por una ladera cubierta de vegetación. Desde su privilegiada posición, Akira ve a un grupo de perseguidores, que están unos trescientos metros por debajo de ellos y unos dos kilómetros por detrás por el camino. Son mas de una docena de gyas, individuos altísimos (entre 1,90 y 2 metros) vestidos con armaduras de cuirboulli y que portan naginatas. Por si ver a tantas de estas bestias pardas, quizás los mismos que despedazaron en vivo al pobre Ota Saru la noche anterior, el que les guía es un tipo todavía mas intimidador. Se trata de un individuo de mas de dos metros de altura, que lleva una elaborada armadura metálica, que se agacha constantemente para seguir un rastro, que esta acompañado deesta acompañado de un enorme oso pardo y tiene cabeza de yak un enorme oso pardo y tiene cabeza de yak. Akira empieza a gritar a los demás que se apresuran, cuando llegan a todo correr tres damali, al frente de los cuales va uno que habla perfectamente el kralorelano y les dice que les ha enviado la shaman para que les ayuden y borren su rastro. Akira, que sabe que sus habilidades en este terreno dejan bastante que desear se pone en sus manos y el jefe de los damali, un tal Cazando Corzos se dedica a crear un rastro falso para despistar a sus enemigos. El les dice que el individuo de cabeza de Yak es un tal Kundun, un buscador heroico gya que como resultado de sus búsquedas heroicas tiene la capacidad de transformarse en yak total o parcialmente cuando le venga en gana.

    Al mediodía llegan por fin al refugio de los damali, un macizo karstico lleno de cuevas donde se han refugiado gran cantidad de ancianos, mujeres y niños. Al parecer los damali se encuentran en medio de una especie de guerra civil según los explican. Luego, cuando todos están instalados y han comido y dormido, un grupo de tres shamanes, dos mujeres y un hombre, les explican que desde hace unos tres años la tierra de los damali vive convulsionada. Primero llegaron extranjeros que quisieron negociar con los damali el paso a un lugar que ellos conocen como el dragón Dormido, ya que tenían intención de extraer de allí los huesos de los dioses que fueron derrotados en aquel lugar por el dragón Ri-Ken, hijo de Hykhim, el dragón padre de hombres y animales. Tras su victoria Ri-Ken  se echo a dormir y no ha vuelto a despertarse. Y los shamanes de los clanes damalis no estaban dispuestos a permitir que su sueño fuera turbado por los extranjeros. Los extranjeros se marcharon pero volvieron unas semanas después con gran cantidad de guerreros gyas y muchos regalos, sobre todo armas, les hablaron a los guerreros jóvenes de una gran alianza contra los kralorelanos que no hacían mas que quitar tierras a los damali y matar sin la adecuada reverencia a sus hermanos ciervos. Muchos guerreros se unieron a sus filas y desafiaron a los shamanes, algunos jefes autorizaron a las caravanas de yaks de los extranjeros a pasar por sus tierras y estos empezaron a explotar los filones de bronce de la isla que se encuentra en medio del lago que se formo sobre el durmiente Ri-ken (de acuerdo con la tradición damali). Los damali tradicionalistas se han visto obligados a refugiarse en este lugar, mientras los extranjeros, al parecer seguidores de un tal Sikiver o algo así se han hecho los amos. Extraen grandes cantidades de metal de la mina y lo mandan hacia el norte, hacia la tierra de los gyas, en caravanas de yaks a través de los senderos ocultos de los damalis.

    Cuando los compañeros les hablan del siniestro asesino que mato a Ota Saru, los shamanes le dicen que no es mas que un sirviente del terrible hechicero que gobierna en las minas, un individuo llamado Lu-Qi, el cual esta utilizando el poder del dragón durmiente para aumentar el suyo, y ha cubierto con una sombra las minas y todo el valle, de forma que los shamanes no pueden entrar en el plano espiritual de esta zona entre otras cosas (también la ha aislado mágicamente del flujo de poder que va hacia el divino emperador Godunya de toda la tierra y el pueblo de Kralorela, pero esto los shamanes lo ignoran). Y por lo que los shamanes saben, Lu-Qi no es mas que un peón de poderes mayores. De modo que el individuo que ahora mismo tanto aterra a los aventureros no es mas que un peón de un peón, una sombra de una sombra de la sombra mayor.

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