LOS CINCO GUERREROS

 

    Los demás aventureros atan y amordazan a Ota Saru y lo atan a la cola del yak, obligándole a marchar de esta guisa mientras se alejan a marchas forzadas de las ruinas de la posada, tratando de alejarse de los horrores de la noche pasada. Cuando han pasado tres horas deciden detenerse y desatar a Ota Saru. Tras una larga conversación, Tzi Li emplea todos sus recursos y argumentos para convencerle de que debe continuar con ellos, que ya buscara a la chica a la vuelta.

    Al atardecer Tzi Li divisa a un grupo de tres hombres emboscados junto al camino. Los aventureros proceden con cautela y deciden ir con cuidado. Según se acercan, los tres extraños salen de su escondite. Llevan armaduras lamelares doradas y portan lanzas y arcos. En cuanto están un poco mas cerca los identifican como lanceros de Yelmalio. Saludan a los aventureros, abrazan a Tensui y se inclinan respetuosamente ante la princesaLas extrañas bestias praxianas. Les dicen que son parte de una unidad que esta acampada allí cerca y que les acompañaran hasta su campamento si lo desean.

    En el campamento ven que el grupo de yelmalitas esta compuesto por una veintena de ellos pero lo que mas les llama la atención es un grupo de media docena de bestias que están junto a un arrozal inundado, se parecen vagamente a los caballos, pero a los vorumai no les suenan de nada. Tzi Li los identifica como una de las extrañas cabalgaduras de los nómadas praxianos, y en efecto hay tres de ellos sentados alrededor de un fuego junto a las bestias. Forman un contraste acentuado entre los pulcros adoradores de Yelmalio de resplandecientes y doradas armaduras, con sus pieles sin curtir, sus rostros atezados y sus armaduras de cuero hervido. Tienen ojos redondeados como los de Mecaroth. Tzi Li informa a los demás aventureros que son bárbaros de los terribles yermos que se extienden mas allá de las montañas.

    Tensui aprovecha para hablar con sus hermanos. Ellos también están muy interesados por lo que pueda contarles sobre sus hermanos de armas. Le explican que están a punto de entrar en la zona contaminada para buscar altares de Ma-u-lia , la Portadora de pestilencias, y así evitar que la epidemia se siga extendiendo. Les acompañan los tres praxianos porque algunos de estos bárbaros parecen tener una habilidad natural para "olfatear" el caos. así que los llevan con ellos igual que un cazador lleva a sus sabuesos. Tensui lamenta sinceramente que su misión le impida unirse a ellos.

    Sin embargo otro de las revelaciones de sus hermanos kralorelanos escandaliza a Tensui y provoca su incredulidad. Según ellos en el sur el Imperio esta en guerra con los elfos, y los describen como violentos y crueles. Le hablan de aldeas incendiadas y familias masacradas. Tensui dice que es imposible, pero ellos le aseguran que es cierto. Ellos no lo han visto porque el Emperador en su benevolencia les libra del trance de tener que enfrentarse con los que consideran como hermanos, enviando a los templarios de la cúpula solar a luchar en las demás fronteras, especialmente a la de Koromandol donde pueden enfrentarse con los odiados dozaki. Tensui se retira a descansar hondamente preocupado por estas revelaciones.

    Al día siguiente los aventureros asisten a la marcha de los Hijos de la Luz, hacia lo que puede ser una muerte pronta y terrible por la fiebre y la consunción, pero envidiándoles también en parte. Según se alejan van cantando el mas sagrado de los himnos de su culto:

Con Lanza y Llama  el Hijo de la Luz se alzoUna yelmalita

En medio de la noche mas negra

Por el nací

Por el moriré

Por el perderé nombre, familia y patria

Muerte antes que debilidad

Muerte antes que desesperación

Muerte antes que no-muerte

Muerte antes que Oscuridad

Muerte antes que el Vórtice del Olvido

Todo esto te brindo, Yelmalio, mi Capitán

Para poder servir y proteger

Contra la incesante amenaza de la Muerte

Con tu Luz en mi mirada

Tu Fuego en mi corazón

Y tu Lanza en mi mano.

    El monzón y el hecho de que muchos de los diques no hayan sido reparados al haber huido por culpa de la epidemia los campesinos que debían hacerlo, han hecho que por doquier haya arrozales y campos inundados, no es raro que la comitiva se encuentre un camino cortado y se vea obligada a dar un rodeo, con la consiguiente perdida de tiempo. Tras varios días tratando de dar con una salida entre este laberinto de terraplenas sobre lo que parece un inacabable mar de arrozales, el sequito por fin llega a una aldea al pie de un grupo de colinas, primer signo de que por fin el terreno empieza a elevarse y de que la tierra de los damali ya no debe estar lejos.

    La pequeña aldea esta extrañamente silenciosa al paso de los viajeros. Todas las puertas y ventanas están cerradas, nadie sale a recibirlos. Los suspicaces vorumais preparan sus armas, tensos ante las extrañas circunstancias. Cuando ya están a punto de salir de la aldea se oye el ruido de una puerta al abrirse de par en par y una anciana se precipita hacia el palanquín, echándose a los pies de los guardianes cuando estos le cortan el paso. La anciana llora y suplica a los pies de los aventureros, contándoles una terrible historia de bandoleros, brujos y sombras que matan por la noche sin causar ninguna herida. Los aventureros se miran unos a otros confundidos, mientras se abren puertas y ventanas en todas las casas y un montón de gente empieza a rodearlos colocándose de rodillas sobre el barro, gimiendo, llorando y suplicando.

    De entre los aventureros solo Tzi Li esta de acuerdo en pararse a ayudar a estos pobres desgraciados. Los demás opinan que su misión es mas importante. Sin embargo cuando se disponen a continuar su marcha desoyendo las suplicas de los campesinos que les ruegan que ellos no les abandonen también. La princesa se apiada de ella y ordena que su escolta se ocupe de dar su merecido a esos malditos bandoleros, ya que las autoridades locales han dejado a su suerte a esta aldea.

Una de las campesinas de la aldea

    A regañadientes (salvo Tzi Li) los aventureros obedecen. Llevan a la princesa a la mejor casa de la aldea donde los aldeanos se desviven en atenciones con ella. Deciden que se queden custodiándola Ota Saru, Tao Ki y Ami-Shan. Además están los cuatro criados, el mono de la princesa, los pequeños dragones de Tensui y Akira y la rata de Tzi Li, con lo cual la princesa conserva un total de 11 guardianes, lo que debería ser suficiente.

    Tras asegurar la integridad física de la princesa, los aventureros repasan lo que les han contado:

-Que hay un grupo de bandoleros que han venido cuatro veces exigiendo tributo.

-Que si no se cumplen sus exigencias la noche siguiente alguien muere de una forma atroz, sin que en sus cuerpos apareciera herida alguna.

- Que no hay forma de ocultar nada a los bandidos. Si esconden arroz, aceite de soja o cualquier cosa consiguen averiguarlo de alguna forma.

    También se ponen a hablar largo y tendido del hecho de que no tengan un líder oficial les esta creando muchas dificultades. Necesitan alguien al cargo, al que la gente se dirija en primer lugar, que tome el mando en momentos de crisis. La mayoría se muestra de acuerdo con la idea, y tras un par de votaciones deciden que sea Imai Tomoyuki y que Kasumi Akira sea su segundo. Justo cuando acaban de tomar tan importante decisión se acerca a ellos una campesina que afirma saber donde están los bandidos, en un valle en medio de las colinas a unos cuantos kilómetros de allí.

    Guiados por la campesina, de nombre Ling, los aventureros consiguen encontrar a los bandoleros y tomarlos por sorpresa. Al parece su guarida es un monasterio excavado en parte en la roca y abandonado hace siglos. El lugar esta muy bien defendido y la banda parece compuesta por una variopinta mezcla de pentanos, desertores del ejercito y criminales comunes, pero con un jefe muy capaz al mando. Usando métodos crueles y expeditivos (emboscadas y aceite ardiendo) consiguen exterminar a la banda y descubrir la fuente de su poder oculto: una gigantesca y maligna gema roja creada por alguno de los malvados seguidores de Sheng Seleris a la que están encadenados los espectros de ocho monjes cruelmente asesinados. Quien posea la joya, controlara esos ocho espectros. Tras unas muy humanas vacilaciones, los aventureros destruyen el maligno artefacto, liberando así las almas de los monjes

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