LOS NAR SYLLA

 

    Cierto desaliento se ha apoderado de los expedicionarios, al cumplir su misión. No sienten satisfacción, ni alegría. Han cumplido su misión pero tres de sus compañeros han quedado en el camino. De los cinco valientes que zarparon del Shiro de los Akechi una soleada mañana hace menos de un año, solo quedan Akira Kasumi e Imai Tomoyuki. La princesa ha llegado a su destino, pero aun no esta a salvo, y se encuentran en medio de un conflicto que no entienden y les supera. La mayoría creen que deben intentar volver a la civilización para advertir a Godunya de lo que esta sucediendo en las Shan-shan.

    Cuando están enfrascados en esta discusión, un grupo de tres shamanes, dos mujeres y un hombre, se acercan a ellos y les hablan. Quieren pedirles un favor. Para poder asaltar la enorme mina-fortaleza de Lu-Qi necesitan la ayuda de los nar sylla, los hijos del viento. Pero ellos no pueden hablar con los nar sylla, ya que esta raza y los damali son enemigos desde antaño por diversas causas, entre ellas que los damali aman y protegen los bosques y los nar sylla los detestan, además de antiguas querellas de épocas míticas como el combate de Ri-Ken con los dioses de las tempestades. Sin embargo los aventureros pueden intentar pasar como mediadores neutrales al no ser damali. Los shamanes les enseñan que les deben decir y como deben hacer hincapié en que los extranjeros están saqueando los huesos de sus dioses. La conversación debe llevarse a cabo en el llamado Circulo del Trueque un lugar a dos días de camino construido por los kralorelanos para comerciar con los diversos pueblos de las Shan-Shan. Ellos les proporcionaran un guía para que los lleve hasta allí. Tras discutirlo brevemente, deciden que Akira, Imai y Agnus lleven a cabo la misión, el resto se quedara en las cavernas protegiendo a la princesa.

    Los damali entregan armas y armaduras a los aventureros en la medida de sus posibilidades (no poseen armaduras metálicas y casi no utilizan arcos) y sus shamanes invocan a los espíritus para que puedan intentar adquirir el conocimiento de nuevos poderes mágicos que deberían ayudarles en su misión. Se ponen de acuerdo con el guía para la ruta del viaje. Darán un rodeo aunque tarden un día para despistar a las patrulla de gya que infestan la zona.

    El primer día todo transcurre con normalidad, pero el segundo, cuando estaban avanzando por el barranco excavado en la roca por  un riachuelo de montaña poco profundo, se dan de cara literalmente con un grupo de seis gya armados con naginatas y atlatls (unos lanzadores en los que insertan jabalinas que de este modo tienen mayor potencia). Todos salen huyendo salvo Akira , al que no se le ocurre otra cosa que elevarse en el aire, convirtiéndose en un blanco perfecto para los tres gya con atlalts. Pero su estrella sigue sonriendo a Akira. Solo le golpea una de las jabalinas, y al caer apenas sufre daño. Se incorpora rápidamente y echa a correr,  pero en cuanto rodea el ribazo tras el cual se han dado de cara con los gya, intenta elevarse de nuevo. Los gya vuelven a dispararle y vuelve a caer, y esta vez no se levanta.

    Mientras los demás jugadores se han ocultado en la espesura, pero los gya consiguen encontrarles y lo que es peor, tomarlos por sorpresa. Pese a todo Agnus y sobre todo Tomoyuki son excelentes guerreros, y el guía damali también hace su parte, así que consiguen acabar con tres de los cuatro peligrosos enemigos, huyendo el tercero. Tras discutir unos momentos si deben volver o no a buscar a Akira, deciden continuar con la misión. Dejémoslos por un momento y veamos cual ha sido el destino de Akira.

    Aplastarse contra el lecho de cantos rodados de un rió no es una experiencia agradable, y suele resultar mortal. Si además te pasa dos veces en un minuto, el que puedas abrir los ojos después de ello no deja de ser bastante insólito. Estos son los primeros pensamientos que pasaron por la mente de Akira Kasumi, cuando se despertó, sintiendo la roca bajo su espalda. Con cautela abrió los ojos y vio un enorme guerrero gya sobre el, y otro algo mas allá. también se percato de que estaba atado y amordazado. En cuanto se dieron cuenta de que había despertado, ambos guerreros empezaron a mirarle y a hablar entre ellos. Akira sabia que le necesitaban para algo, ya que era obvio que ellos le habían curado. Así permanecieron durante una hora. De vez en cuando los gya imitaban el sonido de algún animal y parecían esperar un rato. después de un rato hablaron varios minutos entre ellos con tono de preocupación, y finalmente hicieron incorporarse a Akira y se pusieron en marcha. Uno delante, otro detrás y Akira en el medio. Akira estaba atento a la menor oportunidad de huir, pero esta no se presento. Finalmente llego la noche y los gya acamparon. Ataron a Akira los pies y con la misma cuerda el cuello, y luego lo ataron a un tronco. Solo entonces osaron quitar la mordaza al brujo volador y darle algo de comida y bebida. Más tranquilos ya, se echaron a dormir, y Akira intento utilizar sus conocimientos de ninja para librarse de sus ligaduras. Pero lo único que consiguió fue pasar toda la noche en vela y tener que continuar su camino esta vez completamente agotado. Al poco de ponerse en marcha de nuevo los gya encontraron un campamento de otros de su pueblo. Los gya enseñaban contentos a su prisionero y el botín que le habían arrebatado, armadura, joyas, una espada de plata y otra de hierro. Estuvieron hablando largo rato y al final todos se marcharon menos tres que se quedaron con Akira; los dos que ya habían venido con el y otro mas. Siguieron descendiendo por senderos de montaña, hasta que poco después del mediodía llegaron a un camino de tamaño mucho mayor en el que se veían pisadas de gran cantidad de hombres y animales de carga. Durante todo el día y al acampar por la noche, Akira distingue un nombre en las conversaciones de los gya: Lu-Qi, el terrible hechicero. El que cuando mencionan su nombre a menudo le estén mirando no es muy alentador.

    Luchando contra la fatiga a cada minuto, esa noche, mientras sus captores duermen, Akira consigue liberarse de sus ataduras. Tras dudar unos minutos en registrar o atacar a sus captores, coge la naginata de uno de ellos y se adentra en la espesura. Busca un arroyo de montaña y remonta su curso para que sea imposible (o sumamente difícil) rastrearle, y  tras unas horas, se encuentra con un joven jabalí que esta abrevando y lo mata con su naginata. Pero no puede disfrutarlo, porque tras arrastrarlo a un lugar seguro y despedazarlo trabajosamente, oye un suave rugido a su espalda:

"Tigre, Tigre, ardiendo brillante.."

 "Tigre, Tigre

ardiendo brillante

en los bosques de la noche

¿que inmortal

mano u ojo

podrá reflejar tu

terrible simetría"

                            William Blake

Viéndose incapaz de enfrentarse a la Muerte de piel rayada, Akira se ve obligado a abandonar su presa y a huir, sin poder llevarse ni un trozo. Pero ahora volvamos con el resto de los aventureros...

    El grupo llega sin mas dificultades a su destino, que resulta ser un enorme circulo de roca basáltica, de unos 50 metros de diámetro. El borde de la plazoleta es un pequeño muro de medio metro de alto con jarrones de piedra en lo alto ha intervalos regulares. En él hay abiertas cuatro entradas con escaleras, coincidiendo con los puntos cardinales. Pero lo mas espectacular esta en el centro: Dos estatuas de dragones de tres metros de altura que sostienen un enorme gong de bronce de dos metros de diámetro. Tal y como les contaron los shamanes, Agnus hace que el gong resuene varias veces, y luego esperan. Al de una hora o así llegan media docena de Nar Sylla con sus magnificas alas blancas y sus cuerpos delgados y fibrosos. Uno de ellos, de nombre Tir-Aa, se dirige a ellos en un kralorelano entrecortado.

    La negociación no es fácil, en parte por la barrera idiomática, en parte por la cultural. Los aventureros tratan de convencer a los nar sylla de que comprueben por si mismos que se están abriendo "las tumbas de los ancestros", Tir-Aa les responde que "Las Tumbas de los Ancestros", el lugar que los damali llaman "Sueño del Dragón" es tabú y no se puede volar sobre el. Entonces se ofrecen a enseñarles las armas forjadas con los huesos de los dioses, pero Tir-Aa les responde que para convencer a su pueblo necesita pruebas mas contundentes. Finalmente acepta que si le muestran una de esas caravanas cargadas de bronce extraído de la mina será la prueba que necesita. Entrega a los aventureros un silbato con el que podrán entrar en contacto con él cuando lo deseen, así podrán avisarle cuando este todo listo y se separa de los aventureros con un apretón de manos.

    En el viaje de vuelta al refugio de los damali, solo ocurre un incidente digno de mención. Un día después de abandonar el Circulo del Trueque, de repente oyen un ruido y aparece Akira de la espesura. No tiene nada mas que una naginata y sus ropas andrajosas, y esta hambriento y agotado, pero aun esta vivo y entero. El guía damali busca un lugar donde puedan descansar durante un día y allí Akira les cuenta su odisea. Dos días después llegan al refugio de los damali, dispuestos a empezar una guerra.

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