MEMORIAS DE UN SOLDADO DESCONOCIDO

 

Nota del Autor: pese a nuestros esfuerzos nos ha sido imposible encontrar testimonios directos sobre esta fase de la vida de los aventureros. Las fuentes mas cercanas que hemos encontrado, aparecieron en una biblioteca de Fuknama y parecen ser las memorias de algún olvidado soldado anónimo. A continuación citamos algunos pasajes de esas memorias.

El juramento de lealtad al Emperador...." La primera vez que vi al capitán A-Nu y sus acompañantes fue en el campo de instrucción de las afueras de Chi-Ting, éramos un centenar de jóvenes campesinos ignorantes y muertos de miedo. Llevábamos tres meses intentando acostumbrarnos a marchar llevando nuestras pesadas armaduras de bronce, nuestras ballestas y el resto de nuestro equipo, aprendiendo a luchar, a movernos al mismo tiempo..., y entonces apenas unos días antes de que nos mandaran a nuestro destino, cambiaron toda la oficialidad de la compañía y nos encontramos con un capitán y cinco tenientes completamente nuevos."

..." En cuanto llegamos a Tzu-Lung nos recluyeron en una especie de campamento amurallado, de donde solo nos dejaban salir en pequeños grupos y desarmados. Los ciudadanos de x no tienen nada en contra de los soldados, bien al contrario estos representan una abundante fuente de ingresos para ellos, sin embargo el exarca de Shiyang y sus mandarines son harina de otro costal. Hace siglos que el exarca y el dragón del norte luchan por el control de las tierras entre el Tien-Lun y el Cinta de Plata, y como el exarca no consigue hacer valer sus puntos de vista se venga haciendo la vida imposible a los soldados cuando están de permiso en Tzu-Lung..."

.." No puedo decir mucho de la costa de Koromandol, ya que aunque pasamos dos semanas bordeándola en las poco marineras barcazas en las que embarcamos en Tzu-Lung, la espesa niebla que nos acompaño a lo largo de todo el viaje me permitió ver bien poco de ellas. Según los marineros esta niebla era engendrada por la terrible bruma del mar de Kahar, y en ellas los demonios abisales podían nadar con igual soltura que en el agua. Afortunadamente no nos cruzamos con ninguno durante el viaje, pero el ambiente era tan opresivo que algunos estuvieron cerca de enloquecer y muchos teníamos pesadillas por las noches. Puedes imaginar, lector, nuestro alivio al llegar a Saipan y ver brillar al sol las doradas cúpulas del gran templo-fortaleza de Yelmalio. Sin embargo nada mas desembarcar en los muelles del templo nos llevaron a los barracones en la parte trasera del mismo, y allí pasamos las dos siguientes semanas entrenándonos. Y en eso, y en nada mas nos entretuvimos esas semanas, sin poder cruzar el rió hacia la ciudad, así que nada puedo contaros de ellas hasta mas adelante..."

" Entre ocho y diez días de marcha hay entre Saipan y los fuertes del Meandro, donde nuestro regimiento había sido destinado. La mayor parte de esta región esta cubierta por un bosque antiguo y denso, de árboles rectos como lanzas con follaje de color verde oscuro. Para la mayoría de nosotros, provenientes de las comarcas interiores de la isla de Hum-Chang, donde todos los árboles han sido plantados por la mano del hombre desde los tiempos del emperador Daruda, este era un terreno terriblemente extraño y hostil. Me temo que nuestro capitán A-Nu, que por lo visto provenía de un país meridional cubierto de selvas, nunca llego a percatarse de este hecho..."

"Los llamados Fuertes del Meandro son un conjunto de siete fortificaciones cuyo objeto es custodiar esta zona del curso del rió Cinta Plateada. Hay tres fuertes principales, en cada uno de los cuales se acantonan dos compañías, y cuatro fuertes menores, en los cuales la guarnición es de una sola compañía. A uno de estos fuertes menores fue destinada nuestra compañía, pero antes de llegar a ella pasamos por el llamado Fuerte Central, por estar en el centro de todo este dispositivo de defensa, y vimos que los alrededores del mismo estaban atestados de soldados, que acampaban por doquier al no haber sitio suficiente en la fortaleza. Por lo visto, en un ardid de la guerra, las fuerzas a las que íbamos a relevar no se iban a retirar hacia el sur, sino que iban a aprovechar para lanzar una ofensiva por sorpresa..."

"El fuerte que nos había tocado en suerte no era nada impresionante. Un montón de madera y tela colocado sobre una pequeña elevación desde la que se domina parte del Cinta de Plata. Desde lo alto de una de las torres de vigía se tenia la impresión de estar en una isla en medio de un mar verde, tan densa era la espesura que nos rodeaba. En un lugar así, era seguro que la molicie pronto haría presa en nosotros, un lugar dejado de la mano de los dioses, con la población de seres humanos mas cercana a veinte kilómetros de distancia a través de estos bosques oscuros".

"Sin embargo no dispusimos de demasiado tiempo para aburrirnos. Poco más de una semana había pasado desde nuestra llegada cuando las circunstancias cambiaron de manera tan rápida como dramática. Los gritos de alarma me despertaron, junto con el resto de mis compañeros. Rápidamente nos ordenaron que recogiéramos todas nuestras pertenencias y nos preparáramos para marchar de aquí. Actuamos con celeridad, no por que estuviéramos bien entrenados, sino por que oímos un pesado retumbar que hacia que todo se estremeciera. En unos minutos estábamos todos en el patio y empezamos a salir por las puertas, mientras sonaba el retumbar incesante que antes he descrito. A mi me toco marchar en el grupo de retaguardia, al mando del teniente x. No sabíamos que estaba pasando, se rumoreaba que una horda de dozaki nos estaba atacando, montados en bestias gigantes, también que los exploradores trollkin habían desertado. Marchábamos a toda velocidad por los bosques, por un sendero inhóspito hasta para las cabras y estabas muertos de miedo, la mayoría creíamos que moriríamos esa noche y los bestiales Dozaki devorarían nuestros cuerpos. Pero los oficiales nos gritaban sin parar y nos obligaban a seguir adelante. Cuando ya llevábamos una hora corriendo y se había dado la orden de ponernos a paso de marcha, cuando alrededor nuestro y desde los árboles empezaron a oírse el silbido de las piedras de honda. Gracias a nuestra armadura ninguno de nosotros cayo en aquella primera andanada, sin embargo las piedras no cesaban de caer a nuestro alrededor no fuimos capaces de reagruparnos hasta que llego el capitán A-Nu y consiguió que cerráramos filas. Para entonces ya habían caído varios de los nuestros, ya que algunos rompieron la barrera de escudos y nuestros enemigos aprovecharon para alcanzarlos con sus hondas. Perdimos así a varios compañeros, mientras algún tirador particularmente diestro tomaba al capitán como blanco favorito. Parecía que al reconstruir nuestras filas nuestros enemigos habían tirado la toalla, pero pronto los gritos del capitán nos sacaron de nuestro error empezó a gritar "alertad a la vanguardia, van a atacar por allí", y fue rápidamente hacia allí. Al parecer acertó en previsión, y según me contaron mis camaradas, el teniente Meg-Tzu hizo aparecer un muro de luz que contuvo a los demonios Dozaki y nos permitió llegar al Fuerte Central sin mas incidentes. Otras compañías estaban ya allí, y los capitanes se reunieron, y al poco dijeron que nuestro capitán era ahora el Talón del Regimiento".

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