CAPITULO V: SINIESTROS AUGURIOS

Esa noche, de vuelta en la aldea, los aventureros de origen vorumai empiezan a tener una serie de vividas pesadillos, que a la mañana siguiente todos toman como presagios:

    El mon de los Kataga, el clan del shogun

    Imai Tomoyuki se ve a si mismo caminando por un enorme campo de batalla, a la luz rojo sangre del crepúsculo. La lucha ya ha acabado y hay  cadáveres por doquier, guerreros atravesados por flechas , empalados por lanzas, mutilados por katanas, Imai se mueve por este paisaje desolador sin que parezca salir nunca del campo de batalla. El olor y la visión de la muerte saturan sus sentidos, el silencio sepulcral solo roto por el graznido de los pájaros carroñeros amenaza con hacerle enloquecer. Súbitamente se percata de que  los muertos llevan los emblemas de los Akoto, el poderoso clan guerrero de Edomiyo occidental, o los del shogun, Kataga Yumi. Y ahí muchos mas guerreros que llevan el emblema blanco del shogun que los que llevan el rojo de los Akoto. Al menos

    Ota Saru se ve transportado a la cima de la colina de la Gran Luz, concretamente a una de las terrazas del Templo de la Cúpula Dorada, el mayor templo al dios sol de todo Vormain. Se trata una enorme estructura cubierta de bronce dorado, un punto de observación privilegiado. desde el que se divisa la metrópolis de Hinara, capital del Imperio, residencia del Emperador y del Shogun. Mirando hacia el horizonte occidental, Saru ve grises columnas de humo alzándose por doquier, feos y malolientes heraldos de la guerra. Forzando su vista ve que los arrabales de Hinara, compuestos en su mayoría por casas de madera, están ardiendo, y que entre el humo y las llamas se abre paso un ejercito victorioso de miles de samuráis, que llevan a sus espaldas el mon rojo de los Akoto.

    Kasumi Akira ve una magnifica habitación, el recibidor de una gran casa, decorada con paneles de seda que muestran escenas de la mitología, el combate de Valzain contra el dragón de las profundidades, Telask utilizando su espejo para asustar a los demonios con su propia imagen. La estancia tiene muebles de la mayor calidad y debió tener adornos mejores antaño, sin duda, por que Akira ve que muchos de los jarrones de cerámica, árboles-bandeja y ramos florales están tirados por el suelo como los juguetes de un niño consentido, por doquier merodean soldados con el mon de los Akoto, de repente se oye un ruido y todos ellos se vuelven hacia la puerta de entrada. Un grupo de guerreros acaba de entrar por la puerta, los encabeza un hombre de unos cincuenta años, completamente calvo, con  bigote y perilla blancos perfectamente arreglados, entra en la estancia. Pese a su edad su musculatura es impresionante,El mon de los Akoto percibible incluso a través de su  armadura totalmente roja,  lleva el casco bajo su brazo derecho. Aunque Akira nunca lo ha visto, lo reconoce por que ha oído mil historias sobre sus proezas. Es Akoto Maeda, el líder del clan Akoto, y realmente parece ser verdad la leyenda que dice que los Akoto descienden del mismísimo Telask. El legendario guerrero hace una pausa y se dirige, visiblemente enejado a sus hombres: "¿Habéis encontrado ya a Su Majestad el Tenno?". Rápidamente los soldados se reclinan hasta tocar el suelo con la frente ante su amo y el que parece tener mas rango se dirige a el: "Somos unos torpes idiotas, Maeda-san no hemos sido capaces de descubrir el paradero del Tenno aun". "Maldición", ruge Maeda, y se vuelve hacia sus consejeros, que han entrado en la estancia tras el. Ostensiblemente baja el tono de su voz "Llevamos ya dos días buscándole, y ni los hechiceros ni los sacerdotes han sido capaces de decirnos su paradero. ¿Que haremos si no lo encontramos?". Se hace el silencio durante un instante, hasta que uno de los consejeros habla: "Habremos de suponer que el Tenno ya no esta entre nosotros y habremos de procurar, por el bien de la nación, que otro miembro de la familia imperial ascienda al trono. Un nuevo Tenno, cuyo primer acto será nombraros shogun".

    Por su parte Tensui se ve aparecer en un claustro de columnas de madera que forma parte de  un patio, el cual reconoce casi al instante al contemplar su interior. Se trata del celebre jardín de piedra del templo Dogai de Hinara. Generaciones de monjes de Dayzatar han ido colocando las rocas, la grava y la arena de tal forma que sean una representación de la Verdad fundamental de la Creación. Ha habido monjes que han pasado décadas contemplándolo y no han sido capaces de aportar nada al diseño, otros, tras años y años, han movido un guijarro unos centímetros, pero eso les ha compensado de todo ese tiempo. El jardín original es obra del fundador del templo, Satsobo, hijo del ultimo Mikado de Vormain. Nada puedo dañarlo, y aquellos que quieren caminar sobre el, realmente lo hacen unos centímetros sobre su superficie. Solo aquellos que han descubierto algo realmente nuevo sobre las Verdades Fundamentales de la existencia pueden modificarlo.

    Esta es la segunda vez que Tensui contempla el jardín. La otra fue cuando formo parte de la escolta de yamabushis de un grupo de monjes de Dayzatar que se desplazaron aquí desde Kaishen, hace varios años, pero desde entonces, no ha pasado un solo día que no pensara en ellos.

    Súbitamente el ruido de una puerta al abrirse turba la contemplativa paz de Tensui, un monje con las vestiduras azul cielo de Dayzatar y el cabello corto de los novicios, se apresura a lo largo del claustro, hasta llegar ante la figura de un anciano, que contempla serenamente el jardín. "Soho (abad), soho". "Dime hijo mío", dice Biyon, soho del templo Dogai. "Ha sido tal y como predijisteis, la consagracion ha fallado, los kamis han rechazado al nuevo Tenno". Una leve sonrisa aparece en la cara del anciano: "Akoto Maeda debe estar muy contrariado", "Si, sensei, dicen que sus gritos se han oído hasta en la provincia de Ikade". "¿Y el pueblo?", pregunta el anciano. "Esta aterrorizado, sensei, he oído a algunos campesinos asegurar que el dragón de las Profundidades reclamara Vormain en menos de un año si un legitimo Tenno no realiza las ceremonias anuales que se han realizado desde los tiempos del divino Valzain", el viejo sacerdote, ahora mas serio , se vuelve al novicio y le mira directamente a los ojos: "nada tan rápido, hijo mío, nada tan rápido".

       Los aventureros se despiertan terriblemente turbados y comienzan a hablar sobre sus sueños y su posible significado, algo que en general les parece bastante claro. El shogun, el joven e imprudente Kataga Yumi ha atacado a los Akoto y ha sufrido una terrible derrota a manos del gran guerrero de Tezuka. Lógicamente Maeda ha marchado sin perder un segundo sobre la capital, obligando al shogun a abandonarla, junto a la mayor parte de sus tierras. Pero al llegar a Hinara, Maeda se ha llevado una desagradable sorpresa que ha impedido su plan de proclamarse shogun: el emperador, el tenno ha desaparecido, y no hay forma, mágica o no, de encontrarlo. Ha intentado proclamar un nuevo Tenno, pero no lo ha conseguido.

    El resultado es que Vormain se encuentra en una situación critica. No hay ninguna autoridad central, ya que el tenno ha desaparecido y no puede ser reemplazado, y el shogun ha perdido casi todo su poder. El pánico se esta apoderando del pueblo ya que sin un legitimo emperador para llevar a cabo las ceremonias pertinentes se teme que se sucedan todo tipo de catástrofes.

    Con un animo sombrío los aventureros vuelven a Santa Xemela, casi sin hablar por el camino, cada uno abstraído en sus propios pensamientos. Nada mas llegar a Galanin se entrevistan con los jefes de la expedición en la casa que han alquilado en la ciudad. Relatan las profecías y sus sueños a Kogaratsu, Yumisu y Tokuri, los cuales quedan hondamente preocupados. Akechi Tokuri comienza a glosar la profecía de Omfral.

    Los primeros versos se refieren a la causa de la maldición. Shorga es una poderosa náyade de estas aguas, y el Gnydron debía ser su hijo. La nayade Shorrga envia sus huestes contra los aventurerosSin duda todos los ataques que han sufrido a manos de las criaturas del mar en las ultimas semanas son responsabilidad de esa deidad. Sobre lo que dice  de como se puede escapar a la maldición, que no levantarla, lo que sugiere Omfral es que para despistar a la náyade y sus servidores los vorumai deben introducirse en la boca del lobo, o mas bien del Tiburón.

    Las referencias a Ratuk y a su esclavo apuntan a los ratuki, los hombres tiburón, viejos enemigos de los vorumai, ya que fue una alianza de Vormain y los waertegis la que destruyo su isla en la edad del alba y les obligo a su actual existencia nómada. Estos hsunchen tiburón vagan por las islas orientales en sus temibles galeras requiem y sobre todo en su capital en el lomo de un gigantesco monstruo, el Leviatán. Son famosos por su crueldad y por su rapacidad. Al parecer la gran bestia, el Leviatán se mantiene en la superficie por la gran cantidad de tiburones que muerden constantemente sus flancos y su vientre, dejando un rastro de grasa y sangre allá por donde van. Una flotilla de barcos rodea a la bestia y sirven a los ratuki igual que los peces piloto a los tiburones. Algunos de estos barcos son de los propios ratuki, pero otros son renegados de multitud de islas y naciones.

    Los Ratuki son notorios enemigos de los habitantes del mar y esta claro que ninguno de ellos en su sano juicio se acercaría al Leviatán, y hasta el mas terrible de los monstruos marinos se lo pensaría dos veces antes de entrar en las aguas infestadas (literalmente) de tiburones que rodean al Leviatán. Es seguro que allí estarían libres de los efectos de la maldición.

    Tokuri también es capaz de descifrar la segunda profecía. La referencia al hijo del esplendor habla sin duda de un kralorelano, y curiosamente, Tokuri sabe donde encontrar a uno...Resulta que justo después de su llegada a la isla se le apareció un espíritu que dijo llamarse Nitoka Itamata, y ser un servidor del hechicero kralorelano Aketago Atiyuyu, al que los sacerdotes valkaritas han encerrado en el Alcázar de la Expiación. Al parecer el tal Aketago es un gran ilusionista.

    Dado que las reparaciones del buque van mucho mejor de lo previsto, y que el tiempo de navegación esta a punto de terminar, y todos quieren llegar a Zom-An lo antes posible. El plan es que una vez este libre, el hechicero kralorelano les ayudara a hacerse pasar por uno de los barcos piloto, tras haber encontrado a dicho barco piloto y haber acabado con toda su tripulación, por supuesto. Así que Tokuri se va a otra habitación con los jugadores e invoca a Nitoka para que posea su cuerpo y se comunique con los aventureros para preparar el rescate de su amo.

   Los rasgos calmados y amables del sacerdote cambian abruptamente y sus ojos brillan con una mirada llena de rencor, mientras su boca se tuerce en una mueca de desprecio. Habla con una voz atona y cascada, responde a las preguntas de los aventureros de forma despegada e imperiosa. Les dice lo poco que sabe del lugar donde tienen prisionero a su amo, el Alcázar de la Expiación,  ya que esta protegido por espíritus y barreras mágicas. también les describe a su maestro para que le reconozcan cuando vayan a rescatarle.

    Con estos datos los aventureros se ponen a elaborar un plan de acción. Deciden que lo mejor es que dos de ellos salgan de la ciudad disfrazados para hacer un reconocimiento. El Alcázar de la Expiación se haya sobre un acantilado costero a unos 30 kilómetros de Galanin. Finalmente se decide que van a ir Saru y Akira disfrazados de...leprosos. Con este disfraz todas las puertas se les abren y son pocos los que osan impedirles el paso. Salen de la ciudad sin problemas (la verdad es que los disfraces son un gran trabajo de Akira). Tras unas cuatro horas andando, llegan al pueblo de Tezu, que se haya bajo el alcázar. Como ya esta anocheciendo se ponen a mendigar la cena en el pueblo, consiguen algo de limosna pero no encuentran un lugar en el que dormir, así que se ven obligados a dormir al raso. Entonces, cuando Saru esta dormido, Akira se levanta y comienza a prepararse, se coloca su traje negro encapuchado, coge su cuerda con gancho, sus nekode, y por ultimo su ninjato.

    Akira Kasumi, vestido para espiar. :-)En efecto, Kasumi Akira es un ninja, como toda su familia. Los Kasumi llevan su lealtad a los Akechi un paso mas allá que otros samuráis, arriesgando en el servicio a su daimio incluso su honor y su dignidad, ya que si se descubre que son ninjas se arriesgan a una muerte ignominiosa y terrible. Pero el clan Akechi necesita agentes de lealtad a toda prueba, ya que ahí misiones que no se pueden confiar a los clanes ninja normales, mercenarios hábiles si, pero de pocos escrúpulos, siempre dispuestos a traicionar a cualquiera según su conveniencia. Muchos daimios tienen a un grupo de agentes de absoluta confianza como son los Kasumi para los Akechi, pero es también un secreto completo salvo para el daimio y los propios agentes.

    Una vez preparado, Akira se desliza como una sombra por el camino de tierra, que serpenteando sube desde el pueblo hasta el alcázar, al principio sin preocuparse demasiado, ya que la oscuridad es absoluta y es difícil que le puedan ver los centinelas del castillo.

    Cuando llega a lo alto, se desliza como una sombra y se deja caer al fondo del foso seco que rodea la fortificación, luego, se dirige a uno de los túneles de drenaje del castillo que desembocan en el foso y empieza a arrastrarse a lo largo de el. Enciende una vela, colocada en una palmatoria apantallada para no alertar a los centinelas. Cuando lleva un tiempo arrastrándose por el túnel, Akira se percata de que hay una trampa, que hará caer una reja si la activa. Apoyándose sobre la punta de los dedos de sus pies y de sus manos, y colocando la vaina de su ninjato de forma que bloquee la caída de la verja, aunque solo sea durante unos instantes. Afortunadamente consigue pasar sin activar el mecanismo, y sigue adelante por el túnel, hasta alcanzar una sala con suelo de enrejado de metal, y sin ninguna otra salida. Tras tratar de levantar sin éxito el suelo de enrejado, Akira se pone a buscar puertas secretas y encuentra una. Empujando con su hombre consigue que el enyesado que camufla la puerta y la madera cedan y salir de la cámara donde estaba encerrado.

    El lugar donde va a parar es una cámara, totalmente a oscuras, de la que sale un túnel y donde hay una puerta. La puerta da al pozo del castillo. Mirando hacia el techo Akira ve el cielo estrellado. Podría ascender por el pozo hacia arriba, pero la escalada parece dificultosa y podría salir a un lugar poco conveniente, así que decide no intentarlo. Justo entonces oye por primera vez con claridad un sonido que antes solo había creído percibir. Es el grito agónico de una garganta humana, el grito de alguien que esta experimentando un gran dolor. A Akira se le ponen los pelos de punta recordando lo poco que le han contado de los expiadores, esos "pastores que deben buscar a las ovejas descarriadas y devolverlas al rebaño". El grito proviene del túnel, el cual esta iluminado por antorchas, las primeras que ve Akira desde que ha entrado en la fortaleza. Akira deja la vela a un lado y se interna en el corredor. A ambos lados del mismo hay celdas, pero la penumbra impide ver si están ocupadas. Desde aquí Akira oye mas claramente los gritos de agonía y la voz que habla. Sin embargo su tanyeno no es lo suficientemente bueno para entender todo lo que dice la voz autoritaria pero paternalista, amable pero dura a la vez, solo entiende palabras aisladas como "equivocación", "siempre" y otras de significado confuso para el. De repente oye el ruido de una puerta al abrirse y dos personas que arrastran algo. Akira se apresura a esconderse y desde una esquina ve como dos hombres cubiertos con armaduras llevan a otro, terriblemente delgado y desaliñado, cubierto solo con harapos, abre una de las celdas y lo arrojan al interior.

    Cuando los guardias se han ido, y tras oír el ruido de una puerta al cerrarse, Akira se acerca a la celda y fuerza la cerradura. Se acerca al prisionero y lo despierta, este le mira, y, confundiéndole con la muerte (esta oscuro, Akira va de negro, lleva una espada a la espalda, el hombre lleva meses de privaciones y torturas), le da la bienvenida y dice que esta contento de que llegue el fin de su sufrimiento. El azorado Akira, tras no conseguir nada coherente de el, y temeroso de que se ponga a gritar (esta pidiendo la muerte constantemente), le golpea con su ninjato y lo deja inconsciente. Cierra la puerta de la celda y comienza a explorar esta prisión subterránea. Tras registrar infructuosamente varios corredores, Akira encuentra unas escaleras que ascienden, y comienza a subir por ellas. Tras terminar de subir el tramo de escaleras, Akira tuerce por un corredor, que sirve de acceso a tres celdas. Dos están vacías, pero el ocupante de la tercera esta ocupada por un hombre que cumple la descripción del espectro: un hombre bajísimo, de la altura de un niño de seis años, calvo y con largos bigotes negros a la manera kralori. Las celdas están cubiertas del suelo al techo por algún tipo de metal, sin duda para obstaculizar el uso de la magia. Akira fuerza la celda y Aketago sale de ella. Inmediatamente lanza un par de pases mágicos y el raquítico enano desaparece y ante el aparece un mandarin alto, apuesto y bien vestido. Sin ceremonia alguna le ordena que le sigue. Haciendo una espectacular exhibición de poderes mágicos, Aketago deja fuera de combate a dos guardias, y Akira les remata. Tras subir algunas escaleras llegan a un despacho y allí  recoge una serie de objetos: varias joyas y un peculiar abanico con varillas de metal. Luego se escapan por donde vino Akira. En las inmediaciones del alcázar les esta esperando los familiares de los hechiceros, el espectro Nikota y el gato Kitsune. Llegan a donde duerme Saru, el cual no se ha enterado de nada en las pocas horas transcurridas. Una vez juntos, el hechicero utiliza sus poderes de ilusionista para cambiar su apariencia y la de ambos vorumai. Gracias a sus artes para el resto del mundo parecerán un expiador y dos guerreros que le acompañan. De esta guisa consiguen introducirse sin dificultad en Galanin, y llegar hasta la nave vormainica.

    Una vez avisados los lideres de la expedición, todo queda preparado para la partida, que se produce el día siguiente. Aketago lanza sus conjuros de ilusión para cambiar el aspecto de la nave, con la esperanza de que esto confunda a las Gentes del mar. Takeda Yumisu pone rumbo hacia el ultimo lugar donde se ha oído hablar de los incursores ratuki. El plan es capturar a alguno de sus buques aislados, matar a toda la tripulación y ocupar su lugar en la estela del Leviatán. En pocos dias llegan a una aldea miserable que ha sido arrasada por un grupo de terribles incursores. De acuerdo con los nativos, los piratas no se han contentado con saquear, violar y destruir, sino que han llegado a devorar a alguno de los aldeanos. según ellos los piratas han de estar al otro lado del cabo que se divisa hacia occidente. 

    Al día siguiente al amanecer divisan el buque enemigo, pero no hay suerte con las maniobras y el enemigo esta perfectamente preparado para el abordaje. Los piratas son vadelis rojos una raza conocida por su ferocidad y su impiedad. Son enormes, de piel roja como la sangre y llevan enormes espadones y grandes hachas. Los vorumai dejan caer su puente de abordaje y comienza la acción. Estos vadelinos resultan ser unos adversarios mas duros de pelar que cualquier otro que se hayan enfrentado antes. Pese a poseer cierta ventaja numérica, los vormaineses tienen dificultades para imponerse, varios de los aventureros caen con diversas heridas. El primero Mecaroth a manos de un enorme y vociferante guerrero armado con una gran hacha. Pero el mas temible de todos los enemigos es el capitán vadelino, un tipo enorme, cubierto con una coraza de aluminio y que lleva un inmenso espadon. De un solo golpe decapita a Nakamura Kogaratsu, después se enfrenta con Imai y otro samurai y los mutila a ambos. Finalmente cae a manos del moribundo Takeda Yumisu, el cual invoca a su dios Tsankh para que le de la fuerza necesarios para derrotar a su enemigo, cuando la fuerza de sus guerreros esta a punto de flaquear. Caído su líder, los demás vadelinos no tardan en seguirlo.

    Sin embargo el precio ha sido terrible para los vorumai. Mas de diez de sus ya diezmados compañeros han caído, y han perdido a sus dos lideres principales. Una impresión de victoria vacía si apodera de todos.

   

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