CAPITULO III: MONSTRUOS

          Tras terminar de abastecer la nave, los hijos de Valzain zarpan de nuevo. Tras unas horas de pacifica navegación unas nubes grises y siniestras comienzan a cubrir el horizonte occidental. En apenas una hora el junco esta luchando por mantenerse a flote contra el terrible temporal.

    Las cuadernas crujen, los marineros corren de un lado a otro por la cubierta, mientras los samuráis novatos en estas lides marítimas devuelven hasta la primera papilla. El temporal ("tampoco hay para tanto, en mucho peores me he visto", dice Takeda Yumisu), ruge durante otros dos días. Cuando por fin se para el viento, el timón del buque no responde. Uno de los marineros se desnuda y se sumerge para echar un vistazo. Al parecer la tormenta a formado una bola de desperdicios y de algas, y eso impide el correcto movimiento del timón.

    Takeda decide que deben embarrancar el barco para limpiar bien el timón. Busca señales de tierra y siguiendo el vuelo de las aves y buscando trozos de vegetales pronto descubren un atolón coralino donde ponerse a la labor. Es un lugar hermosísimo, una bahía semicircular con una playa de arena blanca, y el profundo verde de la vegetación enmarcándolo todo entre el azul turquesa del mar y el azul claro del cielo. Los marineros seleccionados para la tarea se arrojan al agua, y viéndolos chapotear, los demás marineros les siguen enseguida, y pronto hasta los samuráis se desvisten y se arrojan a chapotear.

    Viendo tanta desvergüenza, un irritado Nakamura Kogaratsu ordena a Tomoyuki que con sus compañeros y otros dos hombres baje a la playa para establecer una guardia y vigilar que no ocurra nada. Tomoyuki despliega sus fuerzas a intervalos regulares donde acaba la playa y comienza la jungla. Mientras, los demás se divierten chapoteando en el agua. Entonces de repente se oye un grito de dolor y alrededor de un marinero el agua empieza a llenarse de sangre. Simultáneamente Tomoyuki oye un ruido entre la vegetación y ve que algo empieza a correr alejándose de la playa, de la cual empiezan a venir mas gritos y ruido de chapoteo. Sin casi tiempo para actuar, uno de los hombres se introduce en la espesura, y todos acaban siguiéndole salvo Tomoyuki, el cual da una penosa sensación de impotencia gritando en la playa, como mero espectador de la batalla que se desarrolla entre las olas, con los arqueros del barco buscando en vano un blanco claro. Finalmente uno de ellos consigue lanzar un disparo afortunado y acaba con uno de ellos. Cuando arrastran su cuerpo a la playa junto al de los tres marineros que han muerto, ven que es una enorme criatura verdosa, fea, recubierta de escamas. con brazos y torso humanoide pero mandíbulas y ojos de pez y cola en lugar de piernas. Alguno de los marineros mas veteranos lo reconoce como un yssabu.

    Mientras los perseguidores acechan a su presa entre la espesura. Pronto los dos yamabushis, Tensui y Kazan, avezados en estas lides, dejan atrás a los demás y logran ver sin ser vistos, atrapando a la criatura. La cual resulta ser una extraña criatura, una especie de pato antropomorfo. La criatura es capaz de hablar no obstante, y en un doblemente balbuceante imperial suplica por su vida y pide a los "hijos de yelmalio" que lo protejan de los "demonios barracuda", una obvia referencia a Tsankh. Inmediatamente llegan los demás perseguidores y poco después Tomoyuki. Entre todos y con la ayuda de Anjin, el piloto, que habla perfectamente Tanyeno, entre todos consiguen que la criatura les cuente su historia:

"Me llamo Suqua y soy un mercader de Haragala, hace seis semanas el buque en el que viajaba naufrago, pero yo conseguí salvarme y llegue hasta esta isla. Durante la primera semana trate de sobrevivir como pude, pero cuando llego la noche de la luna llena, oí el sonido de una caracola y intrigado aunque cauteloso me aproxime al lugar del atolón de donde procedía, a unos dos kilómetros de aquí. Cuando llego allí encontró una extraña formación rocosa, la cual semejaba una especie de anfiteatro. En el centro, sobresaliendo entre las olas había una gran roca plana en la que había seis postes de coral. Atónito observo que a los postes estaban atados marineros de los que habían viajado con el y a su alrededor nadaba un numeroso grupo de ysabues, realizando alguna clase de ritual, uno de ellos soplaba una caracola llena de runas y colgantes. Al poco hubo una gran conmoción bajo las olas y emergió un monstruo marino enorme, aunque tenia brazos, el cual empezó a devorar a los marineros"

    Inmediatamente cunde la alarma mas perentoria. Los yssabues se han llevado a seis marineros, y esta noche hay luna llena. Rápidamente se prepara un grupo de rescate al mando de Kato y que incluye a los aventureros. Gracias a Suqua saben donde dirigirse, ya que el ruido de las olas no permite oír el sonido de la caracola si uno no esta cerca del lugar. Cuando llegan se esconden entre las rocas y observan como los marineros son atados a los postes y como los  yssabues, dirigidos por un decrepito shaman, empiezan una macabra danza a su alrededor y lanzan gritos en su particular idioma. Kato les ordena que no ataquen aun. Sigue una tensa espera de quince minutos en la que alguno pierde la paciencia y lanza un Dardo Veloz demasiado pronto, perdiendo puntos mágicos inútilmente.  Finalmente con un enorme rugido, la enorme criatura, que resulta ser un Gnydron, emerge de las aguas, enorme y poderoso. Entonces los guerreros emboscados observan atónitos como la jabalina que porta Kato empieza brillar, sin que el emita sonido alguno ni invoque a ningún poder, lo que implica que esta invocando el Ki, la mismísima esencia de la magia. Se alza de un salto y arroja la jabalina con tal fuerza que esta deja una estela de fuego a su paso, hasta llegar a su objetivo, la cabeza del monstruo y hundirse en ella traspasándola de parte a parte, el titán cae causando una gran conmoción tanto en el agua como entre sus invocadores, mientras una andanada de flechas cae sobre ellos. Los yssabues, viendo caer así a un ser tan poderoso huyen presa del pánico y los vormaineses liberan sin problemas a sus camaradas.

    Tras celebrar esta gran victoria, nuestros amigos reanudan su viaje. Los oficiales del barco discuten largo y tendido con Suqua para averiguar su posición actual. Takeda observa contrariado que esta mucho mas al sur de lo previsto, demasiado cerca de Haragala y su flota de Barcos Altos. así que cree mas seguro atravesar el Canal del Dragón, que todos evitan ya que discurre entre islas habitadas por dragonuts, con el fin de llegar hasta las islas de la Coalición de Valkaro. De momento el rumbo y la posición del barco se mantienen en secreto para evitar reacciones negativas de la tripulación. Durante los siguientes tres días navegan sin problemas, pero el cuarto avistan uno de los temibles barcos altos de Haragala, el cual trata de alcanzarlos. La persecución dura casi todo el día, pero al final los haragalanos quedan atrás, justo cuando están a punto de alcanzar las Islas del Ojo del Dragón.

    Una primera impresión de las Islas del Dragón: enormes montañas de granito gris que se alzan sobre el mar, formando acantilados casi a pico, y en contraste, una vegetación frondosa y de color verde profundo. No hay poetas ni artistas embarcados que pueden plasmar la belleza del paisaje, solo severos samuráis y piratas rapaces. Pero la emoción es igual de intensa.

    Sin embargo la prosaica vida cotidiana reclama a nuestros héroes. El barco se introduce en el serpenteante canal, cuya anchura fluctuaba entre uno y cinco kilómetros. De cuando en cuando divisan entre la vegetación las peculiares estructuras levantadas por los dragonuts, de apariencia orgánica, torres en forma de aguja sin puertas ni ventanas, esqueletos a medio terminar...

    Los viajeros pasan una tensa noche anclados en el canal, con la inquietante sensación de ser los últimos hombres del mundo. A lo largo del día han podido vislumbrar a algún dragonut, criaturas pequeñas y esquivas (nota: solo han visto algún dragonut explorador).

    Nada mas llegar el nuevo amanecer, un inquieto Takeda, deseoso de dejar atrás lo antes posible estos inquietantes parajes manda levar el ancla. El viaje continua como el día anterior, pero cuando ya se acerca el mediodía, todos observan algo que les deja sin habla. El canal parece terminar en una ensenada, pero a sus lados los acantilados se alzan mas altos que nunca, mientras que el canal se estrecha mas que nunca, y en lo alto de los acantilados hay  unas estructuras cúbicas inmensas, que sirven de percha a dos inmensos dragones inmóviles, negro a la derecha , verde a la izquierda. Cuando por fin salen a la ensenada, ven que esta no es tal, sino una bahía circular de aproximadamente dos kilómetros de diámetro donde confluyen los vértices de cuatro islas y cuatro canales, por el que han venidos y otros tres. En lo alto de los otros acantilados se levantan estructuras similares culminadas con un dragón de color bronce y otro de color azul. Pero eso no es lo mas alarmante. A los pies de los acantilados, en la cara de estos que mira a la bahía circular, hay unos peculiares muelles en los que están anclados los peculiares barcos de los dragonuts, estructuras en apariencia desvencijadas, con múltiples quillas y sin casco alguno, un confuso armazón de estructuras y plataformas. Sobre ellos inmóviles como estatuas hay multitud de dragonuts guerreros y exploradores. Y hay un muelle baja cada acantilado. Kogaratsu da el grito de zafarrancho de combate y todos se equipan para lo peor. El héroe de los Akechi esgrime un enorme no-dachi en lugar de su katana. La tensa espera se rompe cuando el agua empieza a agitarse bajo el agua y emerge la cabeza de una enorme serpiente marina.

Ya se que esto no se parece mucho a un junco, pero es lo que hay

    El monstruo envuelve con sus anillos el barco en un mortal abrazo y el armazón del casco comienza a crujir mientras las tablas saltan por doquier. Las fauces del monstruo caen sobre la tripulación despiadadamente. Lo samuráis se lanzan con todo su poder contra la bestia, pero su piel, increíblemente gruesa rechaza la mayoría de sus embestidas.

    Los aventureros corren suerte diversa. Akira es el primero en herir seriamente a la bestia. Con un golpe increíblemente poderoso su katana se abre paso a través de sus coriáceas escamas, causándole una terrible herida que no obstante no la hace aflojar su abrazo. Kazan invoca el poder de Yelmalio pero no consigue que su naginata cause daños importantes, igual que Tensui. Tampoco es el día de Tomoyuki. Los intentos de Saru de atemorizar a la bestia son tan fútiles como ridículos.

    Finalmente Mecaroth es el que peor lo pasa. Con un golpe afortunado consigue que su rapier se clave en el cuerpo de la bestia. Cuando se prepara para removerle y causar todo el daño que pueda, Nakamura Kogaratsu consigue que la hoja de su no-dachi invoque la fuerza elemental del universo, el ki, y su filo se introduzca entre los invisibles espacios de la materia, cortando en dos a la inmensa bestia. Los dos fragmentos caen uno a babor y otro a estribor, haciendo zozobrar el barco y amenazando con volcarlo. Viendo peligrar su arma, la cual no consigue arrancar de la criatura, Mecaroth se deja arrastrar con ella y la arranca en el ultimo momento, pero entonces el vaivén del barco lo arroja por la borda y el gaijin, con su armadura bezanteada, se hunde como una piedra.

    En la cubierta reina el caos, en el mismo instante en el que el cuerpo del monstruo ha caído al mar con un chillido espeluznante los dragonuts han botado sus barcos y amarrándose a sus inexplicables estructuras los impulsan nadando. Takeda Yumisu ordena desplegar todo el trapo y que todos los que puedan disparar un arco se sitúen a popa. Entre toda esta confusión solo Ota Saru se da cuenta de que falta Mecaroth, rápidamente busca un cabo para arrojárselo, ya que se imagina que ha caído por la borda. Sin embargo tarda en localizarle.

    Mientras tanto Mecaroth, enfrentándose a la muerte reacciona con una rotunda negación: "no, no quiero morir ASÍ", proclama desde el fondo de su alma. Vigorosamente empieza a desprenderse de su armadura hasta que tras unos segundos de inquietud, Saru le envía el cabo y puede subirse al barco.

    Justo a tiempo porque el barco se aleja a toda velocidad sin tiempo de rescatar a nadie. Los dragonuts están casi encima. Los aventureros disparan todas las flechas que pueden, consiguiendo incapacitar a algún dragonut explorador, pero el avance de las reptilescas criaturas no se detiene, sin embargo, de repente, Nakamura ordena que cese el fuego. Y es que todos se dan cuenta de que los dragonuts les están ignorando por completo.  ¡¡Su objetivo es la serpiente!!. Ante sus atónitos ojos los barcos de los dragonuts lanzan cables de amarre contra el cuerpo de la serpiente que empieza a hundirse, pero eso no es todo, empiezan a luchar entre ellos con terrible ferocidad, matándose sin compasión. Esta es la ultima sorpresa que les depara las islas del Ojo del Dragón.

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