DIARIO DE KASUMI AKIRA

Soy Kasumi Akira, del clan de los Kasumi, Samurai al servicio del clan de los Akechi, al que mi familia ha jurado fidelidad. Hasta este momento, en tiempos de relativa paz, mis obligaciones correspondían a tareas burocráticas de supervisión y mantenimiento de las diversas fortificaciones y edificaciones dentro del territorio del clan. Estas tareas son erróneamente menospreciadas por otros samuráis, que no saben apreciar el valor que estos tipos de tareas aportan a la seguridad y bienestar del clan.

Por supuesto que también practico y desarrollo las Artes Marciales, a las que considero imprescindibles y necesarias para seguir el buen camino del Samurai. Por otro lado mis periodos libres y de descanso los dedico al estudio de las Artes Arcanas, a las que valoro como un aspecto más, en el Arte Marcial en un Samurai.

La expedición

A lo vivido y conocido por mis compañeros de expedición (por distintas fuentes), quiero añadir mis sensaciones y opiniones, después de meditar al respecto:

El inicio:

El viaje empezó bien; intentamos pasar lo más desapercibidos posible y lo conseguimos hasta llegar al lugar donde estaba trabajando un carbonero. Tomoyuki, quizá demasiado prudente, podía haber ordenado que interrogáramos al carbonero, pero prefirió no llamar la atención. Tan solo Ota Saru se acercó sigilosamente, pero no logró ver nada sospechoso. Si nos hubiéramos decidido a interrogar al carbonero, quizás nos habríamos dado cuenta del peligro que nos acechaba más adelante. Reconozco mi parte de responsabilidad y medito sobres las razones que me impidieron reconocer los indicios que me hubieran permitido detectar que algo raro ocurría. Espero que esta reflexión me ayude en los hechos similares que puedan acontecer.

La emboscada:

Al recordar la emboscada que sufrimos por esos "despreciables" ninjas de la secta de la Araña, siento una impotencia ante mi ineficacia. Sé reconocer a un buen combatiente, y con el que me enfrenté no cabe duda de lo era. En el primer intercambio de espadas, pude contener fácilmente su envite, lástima que yo no lograra acertarle. El segundo desenlace fue fatal; mi golpe no fue acertado, pero el suyo fue increíble. Mi katana logró parar su golpe, pero su espada siguió resbalando y no sé de que forma logró introducir su ninjato a través de un pequeño resquicio de mi armadura, a la altura del abdomen. El daño fue tremendo y desastroso; inmediatamente caí al suelo inconsciente. Un reguero de sangre procedente de la herida regaba el suelo, sangre que contenía mis últimos suspiros de vida. Según mi experiencia, este tipo de golpe se da en menos de 5 de cada 100, y considero que cualquiera que lo hubiera recibido, se hubiera visto en circunstancias parecidas a las mías.

Estoy contento y agradecido con mis compañeros: sé que gracias a su valentía y generosidad ahora puedo escribir estar palabras. Los cuatro sin mi ayuda, consiguieron matar y hacer huir a esos cobardes. Especialmente estoy endeudado con Tensui: aunque soy bastante escéptico ante los poderes y dones de los dioses, reconozco que los que atienen al Señor de la Luz son importantes y beneficiosos. Todavía me cuesta creer, como de forma milagrosa, logró con su invocación que me pudiera restablecer como si tal daño nunca hubiera existido. Tengo una deuda de honor con Tensui que algún día espero cumplir.

El regreso:

Después de superar la emboscada, mientras mis compañeros registraban el Templo, consideré oportuno montar guardia en el exterior y averiguar algo de interés sobre esos ninjas. Como dato reseñable, solo encontré el tatuaje que los identifica como ninjas del clan de la araña. Espero algún día poder encontrar al ninja de ese clan con el que me enfrenté, para demostrarle que solo fue un golpe de suerte y hacer rodar su cabeza a mis pies.

En el camino de vuelta, volvimos a pasar ante el carbonero, pero esta vez me acerqué personalmente y logré encontrar su cadáver. Está claro que unos de los ninjas lo asesinó y se disfrazó con sus ropas. Ilusos de nosotros que no sospechamos en el viaje de ida.

El Castillo:

En la defensa del asedio del Castillo, he conseguido demostrar que no soy tan mal combatiente. Cumplí con mi deber y entre todos logramos rechazar el primer ataque.

Solo hay un hecho que me inquieta, como todos sabéis Mecaroth escuchó como Akechi Tokuri, hablaba aparentemente al aire, con unas palabras que me han causado una gran perplejidad. Este extraño suceso me hace sospechar. Creo que debemos vigilarle sin crear sospechas, y yo Kasumi Akira, soy el más apropiado del grupo para hacerlo.

Por Jose Antonio Serrano Pizarro

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